Chris Pratt reflexiona sobre la inteligencia artificial y deja claro por qué nunca podrá ser Dios.

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El actor Chris Pratt compartió recientemente una reflexión que ha llamado la atención tanto en el mundo del cine como fuera de él: su visión sobre la inteligencia artificial y sus límites frente a lo humano… y frente a Dios.

Durante la promoción de su nueva película Mercy, Pratt fue directo al hablar del tema. Para él, la inteligencia artificial, por más avanzada que sea, tiene una frontera clara que no puede cruzar.

“La IA es una creación humana, y por eso mismo no puede ser Dios”, explicó. Señaló que cualquier tecnología desarrollada por el ser humano arrastra inevitablemente sus fragilidades, errores y limitaciones. En sus palabras, la inteligencia artificial siempre estará condicionada por quien la creó y, por lo tanto, jamás podrá reemplazar a Dios ni ocupar Su lugar.

Pratt fue más allá al afirmar que la IA no solo es limitada, sino que seguirá siéndolo. No importa cuánto evolucione: nunca dejará de ser una herramienta creada por manos humanas, con todo lo bueno y lo defectuoso que eso implica.

En otra entrevista, el actor también abordó un tema más práctico y delicado: el impacto real de la inteligencia artificial en la industria del entretenimiento. Reconoció que estamos viviendo una especie de revolución creativa y tecnológica, y que eso traerá consecuencias dolorosas.

Admitió que muchas personas que han tenido trabajos estables en el cine podrían verse desplazadas por el avance de la IA. Lejos de minimizarlo, Pratt expresó empatía y solidaridad con quienes podrían perder su sustento a causa de estos cambios.

Sin embargo, también destacó que la inteligencia artificial puede abrir puertas inesperadas. Desde su perspectiva, esta tecnología podría convertirse en una herramienta poderosa para contar historias, permitir que más ideas lleguen a la pantalla y crear nuevas formas de colaboración creativa. Incluso señaló que la IA podría transformarse en algo parecido a un nuevo departamento dentro de la industria, trabajando junto a guionistas, directores y creativos, no necesariamente sustituyéndolos.

Estas declaraciones cobran un matiz especial considerando la trama de Mercy, una película donde Pratt interpreta a un detective acusado del asesinato de su esposa, cuyo destino es decidido por un juez basado en inteligencia artificial. Una historia que, de alguna forma, refleja las mismas preguntas que hoy muchos se hacen sobre el poder, los límites y los riesgos de delegar decisiones humanas a una máquina.

Reflexión final
Las palabras de Chris Pratt nos recuerdan algo esencial: la tecnología puede avanzar, sorprender y transformar industrias, pero nunca sustituir lo que solo Dios es. La inteligencia artificial puede ser una herramienta útil, incluso impresionante, pero no tiene conciencia, moral ni alma. En medio de tantos avances, vale la pena detenernos y preguntarnos quién debe seguir teniendo la última palabra.

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