¿Qué dice la Biblia acerca de la tendencia “Los Therians”?

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¿Qué dice la Biblia acerca de la tendencia “Los Therians”?
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Quédate hasta el final, porque esto no es solo una moda. Es una pregunta profunda sobre identidad.

En redes sociales miles de jóvenes están hablando de algo llamado “therians”. Se ponen máscaras, imitan movimientos de animales, dicen que se identifican internamente como lobos, gatos o zorros. Algunos lo viven como algo espiritual. Otros como identidad emocional. Otros simplemente porque encontraron una comunidad donde sentirse aceptados.

Este fenómeno no es completamente nuevo: la palabra therianthropy tiene antecedentes históricos y ha sido usada desde hace décadas para describir ideas de identificación con animales. Pero la explosión de videos y comunidades en redes lo está llevando a un público mucho más amplio de adolescentes que lo ven como una forma de identidad, pertenencia y expresión personal, más allá de una simple moda.

Muchos de los que participan en esta tendencia hablan de un “viaje” personal. El objetivo, según ellos, es descubrir su “verdadero yo”, conectar con su “theriotype” y sentirse más auténticos. Para algunos es una búsqueda de libertad emocional; para otros, una manera de escapar de presiones sociales, ansiedad o rechazo. Es un intento de encontrar identidad, significado y comunidad en un mundo donde muchos jóvenes sienten que no encajan.

Pero si miramos más profundo… esto no se trata realmente de animales.

Se trata de identidad.

Cuando una generación comienza a preguntarse seriamente si es humana, es porque algo más profundo se rompió por dentro.

La Biblia comienza con una declaración firme que no cambia con las modas:

“Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó.” (Génesis 1:27)

Eso significa que tu identidad no nace de lo que sientes hoy.

No nace de una tendencia.

No nace de una emoción intensa.

Nace de lo que Dios dijo.

El problema no es que alguien admire la naturaleza. Dios creó los animales y los llamó buenos. El problema es cuando el corazón humano comienza a buscar en la criatura lo que solo puede encontrar en el Creador.

Esto no es nuevo.

En la Biblia hubo un hombre poderoso, el rey Nabucodonosor. Se llenó tanto de orgullo que olvidó quién era delante de Dios. Y el juicio fue duro. Vivió como animal, comiendo hierba, apartado de la razón humana (Daniel 4). No fue una evolución. Fue degradación. Y su restauración vino cuando levantó sus ojos al cielo y reconoció al Altísimo.

Cuando el ser humano se desconecta de Dios, pierde claridad.

Cuando se reconecta con Dios, recupera su razón.

También hay culturas que enseñan que podemos reencarnar en animales, que la identidad es un ciclo cambiante. Pero la Escritura es clara:

“Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio.” (Hebreos 9:27)

No somos almas flotando entre especies.

No somos energías mutando.

Somos creación única, con propósito eterno.

Si soy honesto… detrás de esta tendencia no veo solamente rebeldía. Veo soledad. Veo jóvenes que no saben dónde encajan. Veo corazones que quieren pertenecer a algo. Y cuando el mundo les ofrece una etiqueta que los hace sentir especiales, la abrazan.

Pero el Evangelio ofrece algo infinitamente más grande.

“Mas a todos los que le recibieron… les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” (Juan 1:12)

Hijo de Dios.

Esa es la identidad más alta posible.

No hay nada superior.

No hay nada más digno.

No hay nada más eterno.

El mundo está confundido porque quitó a Dios del centro.

Y cuando se quita a Dios, todo se redefine.

Verdad se redefine.

Humanidad se redefine.

Identidad se redefine.

Pero Dios no cambia.

Quizás la verdadera pregunta no es:

“¿Por qué alguien quiere identificarse como animal?”

Quizás la pregunta es:

“¿Por qué ya no saben que fueron hechos a imagen de Dios?”

Si tú que lees esto te has sentido desconectado, extraño, fuera de lugar… quiero decirte algo con amor: no necesitas inventarte una nueva identidad para sentirte especial.

Ya eres especial.

Fuiste creado a imagen del Creador del universo.

Eso no es poca cosa.

Te dejo esta reflexión en el corazón: cuando el ser humano olvida quién es en Dios, empieza a probar identidades temporales. Pero ninguna reemplaza la verdad eterna.

Te invito a que me acompañes en esta oración.

Señor, en medio de tanta confusión, ayúdanos a recordar quiénes somos. Si el mundo intenta redefinirnos, afírmanos en Tu verdad. Sana a esta generación que busca identidad en cualquier lugar menos en Ti. Recuérdanos que somos creados a Tu imagen y llamados hijos por medio de Cristo. Devuélvenos la claridad. En el nombre de Jesús, amén.

En Somos Cristianos Conectamos Corazones con Cristo.

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