Protestan en iglesia de pastor que trabaja en ICE en San Pablo, Minnesota.

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El domingo 18 de enero del 2026, en Cities Church, en San Pablo, Minnesota, un grupo de manifestantes interrumpió el servicio dentro del templo para denunciar que uno de los pastores de esa iglesia, David Easterwood, estaría ligado a ICE, como director interino de la oficina de campo de St. Paul (en el área de deportaciones y detención).

Trabajar en ICE no es un delito. Es un empleo legal en Estados Unidos y muchas familias dependen de su trabajo para vivir. Eso por sí solo no prueba mala intención.

¿Puede un pastor evangélico servir en una agencia como ICE y, aun así, guardar silencio frente a abusos, injusticias y uso indebido del poder?

Aquí hay que ser honestos: entrar a una iglesia a interrumpir un culto no está bien. Los templos deben respetarse, y nadie tiene derecho de convertir la casa de Dios en escenario de protesta. El pastor principal de esa iglesia calificó la interrupción como “vergonzosa” por haber interrumpido la adoración.

Pero también hay una pregunta seria que no podemos ignorar:

Si alguien predica el amor de Cristo los domingos, enseña sobre justicia y misericordia… ¿cómo puede permanecer en silencio cuando hay reportes de abusos, uso excesivo de fuerza y acciones que hieren a familias e inmigrantes bajo la estructura donde tiene poder?

Hay un contexto más amplio en Minnesota estas semanas: tras una operación migratoria intensa, incluyendo la muerte de Renée Nicole Good, el ambiente ha estado tenso y marcado por denuncias.

La Biblia nos enseña a respetar y orar por las autoridades:
“Sométase toda persona a las autoridades superiores…”
“Oren por los que están en autoridad…”

Pero también nos enseña que la autoridad existe para proteger la vida, no para oprimirla. Cuando una autoridad se desvía y hiere a los inocentes, la obediencia no significa silencio cómplice.

Jesús dijo:
“Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.”

Y habló de poder y verdad con una frase que sigue resonando hoy:
“No tendrías ninguna autoridad contra mí, si no te fuese dada de arriba.”

Aquí el punto no es condenar a un hombre por trabajar. El punto es esto:

Un pastor no es un trabajador común. Es un guía espiritual. Si está dentro de una institución con influencia real, no puede guardar silencio ante lo que hiere a los más vulnerables. Callar ante la injusticia, cuando se tiene poder para decir la verdad, se convierte en una forma de complicidad moral.

No estamos diciendo que protestar dentro de un culto sea correcto. No lo es. Pero tampoco podemos ignorar la pregunta de fondo:

¿La iglesia y sus líderes están defendiendo la justicia y el corazón de Cristo… o están callando frente al dolor de los que sufren?

Te dejo esta reflexión como una pregunta que también puede tocar tu corazón:

¿Tu fe te lleva a hablar cuando otros callan… o a justificar tu silencio cuando la verdad incomoda?

Te invito a que me acompañes en esta oración.

Señor Jesús,
te pedimos por nuestras autoridades en Estados Unidos: d
ales temor de Dios, justicia y dominio propio.
Danos valentía para hablar con amor y verdad, aun cuando incomode.
Sana las heridas de nuestras comunidades, protege a los más vulnerables, y enséñanos a vivir con coherencia cristiana.
Que tu iglesia sea un refugio de verdad y justicia.
Amén.

Somos Cristianos, conectando corazones con Cristo.

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