No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal.
Proverbios 3:7
Este versículo parece sencillo, pero cuando uno se detiene a pensarlo con honestidad, confronta fuerte. Porque casi todos, en algún punto, hemos creído que sabemos más de lo que realmente sabemos. Tomamos decisiones seguros de que “esta vez sí tenemos la razón”, convencidos de que nuestro criterio es suficiente. Y muchas veces no es rebeldía abierta contra Dios… es algo más silencioso: autosuficiencia.
Ser “sabio en nuestra propia opinión” no siempre se ve como orgullo evidente. A veces se disfraza de experiencia, de madurez, incluso de fe mal entendida. Pensamos: “yo ya pasé por esto”, “yo sé cómo funciona la vida”, “Dios entiende, luego arreglo esto”. Y sin darnos cuenta, dejamos de consultar a Dios. No lo negamos, pero ya no lo ponemos al centro.
La Biblia nos recuerda algo esencial: Dios no compite con nuestra inteligencia ni con nuestra lógica. Él pide humildad. Temer a Jehová no es miedo, es conciencia viva de quién es Dios y quiénes somos nosotros. Es aceptar que Dios ve el cuadro completo mientras nosotros solo vemos una esquina. Es reconocer que incluso con buenas intenciones podemos tomar caminos equivocados.
Y aquí hay algo muy profundo: el versículo no dice “apártate del mal y luego teme a Dios”. Dice primero teme a Jehová, y como consecuencia, apártate del mal. Cuando Dios vuelve al centro, el mal empieza a perder fuerza. Ya no necesitamos que alguien nos obligue; la conciencia despierta. Lo que antes justificábamos, ahora nos pesa. Lo que antes normalizábamos, ahora nos incomoda.
Tal vez hoy Dios no te está pidiendo que hagas algo complicado. Tal vez solo te está invitando a bajar la voz interior que dice “yo sé”, y a levantar una oración sencilla: “Señor, guíame otra vez”. Porque la verdadera sabiduría no es tener todas las respuestas, sino saber a Quién acudir antes de decidir.
SomosCristianos conectando corazones con Cristo.




