La niña que buscaba sabiduría.

Únete al canal de: WhatsApp Telegram
Somoscristianos. Org
Somos Cristianos – Reflexiones diarias de fe y vida
La niña que buscaba sabiduría.
Cargando
/

Valeria tenía ocho años y una curiosidad que no le cabía en el corazón. Siempre hacía preguntas. A su mamá, a su maestra, a cualquiera que se dejara. Pero había una que nadie le respondía bien:

—¿Qué es la sabiduría?

Un día, mientras caminaba por el parque cerca de su casa, vio a un anciano sentado en una banca. Tenía el rostro tranquilo, como alguien que ya no tenía prisa por nada. Valeria dudó un momento… pero su curiosidad pudo más.

Se acercó.

—Oiga, señor… ¿usted sabe qué es la sabiduría?

El hombre sonrió, como si esa pregunta la hubiera estado esperando desde hace tiempo.

—Sí… pero no es algo que se explique tan rápido —le dijo—. Es algo que se vive.

Valeria frunció el ceño.

—Entonces explíquemelo poquito… —insistió.

El anciano señaló un árbol frente a ellos.

—¿Ves ese árbol? Hace años era solo una semilla. Si alguien la hubiera pisado, ahí terminaba todo. Pero alguien la cuidó, la regó, y tuvo paciencia… mucha paciencia.

Valeria asintió.

—La sabiduría es algo así —continuó—. No es solo saber cosas. Es aprender a vivir bien, a tomar decisiones correctas, aunque nadie te esté viendo.

La niña se quedó pensando.

—¿Y cómo se aprende eso?

El hombre levantó un poco la mirada al cielo.

—En la Biblia dice: “El principio de la sabiduría es el temor del Señor”. Eso significa que cuando respetas a Dios, cuando lo tomas en serio en tu vida… empiezas a ver todo diferente.

Valeria bajó la mirada.

—Pero… yo a veces me equivoco.

El anciano soltó una pequeña risa.

—Todos nos equivocamos. La diferencia es que el sabio aprende de sus errores… el necio los repite.

Hubo un pequeño silencio.

—¿Y usted es sabio? —preguntó la niña con sinceridad.

El hombre sonrió, pero esta vez con un poco de humildad.

—Estoy aprendiendo… todos los días.

Valeria se sentó a su lado.

—Entonces… ¿yo también puedo ser sabia?

El anciano la miró con cariño.

—Claro. Empieza por algo sencillo: escucha, aprende, y busca a Dios en lo que haces. La sabiduría no es para los grandes… es para los que quieren aprender.

Valeria sonrió. No tenía todas las respuestas… pero algo dentro de ella había cambiado.

Ese día entendió que la sabiduría no es saberlo todo… es aprender a vivir con Dios en cada paso.

Y mientras se levantaba para irse, volteó una vez más.

—Gracias… creo que ya entendí un poquito.

El anciano solo asintió.

—Eso es suficiente para empezar.

Te dejo esta reflexión…
La sabiduría no llega de golpe, ni por la edad, ni por lo que sabes. Llega cuando decides caminar con Dios, escuchar, aprender y cambiar.

Te invito a que me acompañes en esta oración:

Señor, enséñame a vivir con sabiduría. Ayúdame a tomar buenas decisiones, a aprender de mis errores y a buscarte en todo momento. Guía mi vida, incluso en lo pequeño, para que cada paso que dé tenga sentido. En el nombre de Jesús, amén.

En Somos Cristianos conectamos corazones con Cristo.

También te puede interesar:

COMENTARIOS EN SOMOSCRISTIANOS