Cómo perdonar a alguien que no pidió perdón.

Únete al canal de: WhatsApp Telegram
Somoscristianos. Org
Somos Cristianos – Reflexiones diarias de fe y vida
Cómo perdonar a alguien que no pidió perdón.
Cargando
/

Esa persona sigue con su vida como si nada.

No te llamó. No te buscó. No reconoció lo que hizo. Tal vez ni siquiera sabe cuánto te lastimó. O peor, sí lo sabe y simplemente no le importó lo suficiente para disculparse.

Y tú aquí. Cargando algo que no pediste cargar. Reviviendo lo que pasó en los momentos menos esperados. En la ducha. Antes de dormir. Cuando escuchas una canción o ves algo que te recuerda a esa persona. El dolor aparece solo, sin avisar, como si tuviera llave de tu corazón.

Y alguien te dice: tienes que perdonar.

Y por dentro piensas: ¿cómo? ¿Cómo perdonas a alguien que nunca pidió perdón? ¿Que nunca admitió que estuvo mal? ¿Que sigue viviendo su vida tranquilamente mientras tú cargas con este peso?

Esa pregunta es justa. Y hoy quiero respondértela con honestidad.

Lo primero que necesitas entender es qué es el perdón de verdad.

El perdón no es decir que lo que te hicieron estuvo bien. No es. Lo que te hicieron estuvo mal y el perdón no cambia eso. El perdón no borra lo que pasó. No significa que tienes que volver a confiar en esa persona. No significa que tienen que ser amigos de nuevo. No significa que lo que hicieron no tuvo consecuencias.

El perdón significa una sola cosa: soltar la deuda.

Es decirte a ti mismo: yo no voy a seguir cargando con esto. No lo hago por ellos. Lo hago por mí. Es sacar esa piedra que llevas dentro y ponerla en manos de Dios en lugar de seguir cargándola tú solo.

Porque mientras no perdonas, esa persona sigue teniendo poder sobre ti. Cada vez que la recuerdas con rabia, cada vez que revives lo que pasó, cada vez que el dolor aparece de nuevo, esa persona está ocupando espacio en tu cabeza y en tu corazón sin pagar renta. Y tú eres quien pierde. No ellos.

Lo segundo es entender que el perdón no es un sentimiento. Es una decisión.

No vas a despertar un día sintiéndote listo para perdonar. Ese día no llega solo. El perdón se decide antes de sentirlo. Se decide cuando todavía duele. Cuando todavía estás enojado. Cuando todavía no entiendes por qué te hicieron lo que te hicieron.

Y no se decide una sola vez. Se decide todos los días. Algunos días más fácil que otros. Pero cada vez que eliges soltar en lugar de aferrarte al dolor, le quitas un poco de poder a esa herida.

Lo tercero es lo más difícil de escuchar pero lo más importante.

Jesús perdonó a personas que no le pidieron perdón. Estaba en la cruz, con el cuerpo destrozado, puesto ahí por personas que no reconocieron lo que estaban haciendo. Y dijo: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.»

No esperó a que pidieran perdón. No esperó a que reconocieran su error. Perdonó desde el dolor, desde la herida, desde el momento más oscuro de su historia.

Eso no significa que lo que te hicieron a ti es comparable con la cruz. Significa que el modelo de perdón que Dios nos da no depende de que el otro se arrepienta primero. Depende de nuestra decisión de soltar.

«Soportándoos unos a otros y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.» — Colosenses 3:13

Y hay algo más que nadie te dice sobre el perdón.

Perdonar no significa que el dolor desaparece de inmediato. Puedes tomar la decisión de perdonar hoy y mañana todavía sentir que duele. Eso no significa que fallaste. Significa que eres humano. Las heridas profundas necesitan tiempo para sanar aunque ya hayas decidido perdonar.

El perdón abre la puerta. La sanación camina por ella poco a poco.

No tienes que hacerlo perfecto. No tienes que sentirte bien para empezar. Solo tienes que dar el primer paso. Y el primer paso es ser honesto con Dios sobre lo que sientes, lo que te cuesta, lo que todavía duele.

Él puede trabajar con eso.

Ora esto conmigo hoy:

«Señor, me cuesta perdonar a esta persona. No voy a mentirte, todavía duele y todavía hay momentos en que la rabia aparece sola. Pero hoy tomo la decisión de soltar esta carga. No porque lo merezcan. Sino porque yo no quiero seguir cargando con esto. Toma tú lo que yo no puedo cargar más. Y sana lo que todavía duele por dentro. Amén.»

Somos Cristianos, conectando corazones con Cristo.

También te puede interesar:

COMENTARIOS EN SOMOSCRISTIANOS