¿Qué quiso decir Jesús cuando dijo: “Misericordia quiero y no sacrificio”?

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¿Qué quiso decir Jesús cuando dijo: “Misericordia quiero y no sacrificio”?
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Cuando Jesús dijo: “Misericordia quiero y no sacrificio”, no estaba rechazando la adoración a Dios ni las ofrendas. Lo que estaba haciendo era señalar un problema mucho más profundo: personas que cumplían con ceremonias religiosas, pero habían olvidado amar a la gente.

La frase aparece cuando los fariseos criticaron a Jesús por sentarse a comer con publicanos y pecadores. Para ellos, la religión era más importante que las personas. Pero Jesús respondió citando al profeta Oseas:

Esto dice Mateo 9:13:

“Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio; porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.”

En otras palabras, Jesús estaba diciendo:

«De nada sirve que parezcan muy religiosos si no tienen compasión por los demás.»

Es posible asistir a la iglesia cada semana, conocer versículos de memoria, cantar alabanzas y hasta servir en ministerios, pero al mismo tiempo ser duros, indiferentes o faltos de amor hacia quienes están sufriendo.

Los fariseos eran expertos en las reglas, pero muchas veces carecían de misericordia. Jesús veía a las personas heridas, rechazadas y pecadoras como almas necesitadas de ayuda, no como casos perdidos.

Y si somos sinceros, esta enseñanza sigue siendo necesaria hoy.

A veces es más fácil criticar que comprender.

Más fácil señalar el pecado de alguien que ayudarlo a levantarse.

Más fácil hablar de justicia que practicar la misericordia.

Jesús nunca minimizó el pecado, pero tampoco dejó de mostrar amor a los pecadores. Él sabía que un corazón transformado nace cuando una persona experimenta la gracia de Dios.

La misericordia no significa aprobar todo lo que alguien hace. Significa tratar a los demás con la misma compasión que nosotros hemos recibido de Dios.

Porque la verdad es que ninguno de nosotros estaría aquí si Dios hubiera decidido tratarnos únicamente según nuestros errores.

Cada día vivimos gracias a Su misericordia.

Por eso, cuando Jesús dijo: “Misericordia quiero y no sacrificio”, estaba recordándonos que el verdadero cristianismo no se mide solamente por lo que hacemos para Dios, sino también por cómo tratamos a las personas que Dios ama.

Esto dice Santiago 2:13:

“Porque juicio sin misericordia se hará con aquel que no hiciere misericordia; y la misericordia triunfa sobre el juicio.”

Te dejo esta reflexión:

Antes de juzgar a alguien, recuerda cuántas veces Dios tuvo paciencia contigo. Antes de señalar los errores de otro, recuerda cuántas veces el Señor extendió Su mano para levantarte. La misericordia no debilita la verdad; la hace visible.

Te invito a que me acompañes en esta oración:

Señor, gracias por Tu misericordia. Ayúdame a reflejar ese mismo amor hacia los demás. Quita de mi corazón la dureza y enséñame a ver a las personas como Tú las ves. Que mi vida refleje Tu amor cada día. En el nombre de Jesús. Amén.

Somos Cristianos, conectando corazones con Cristo.

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