¿Qué dice realmente la Biblia sobre los extraterrestres?

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¿Qué dice realmente la Biblia sobre los extraterrestres?
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Hace apenas unos días, el gobierno de Estados Unidos publicó nuevos archivos relacionados con fenómenos aéreos no identificados. Los documentos incluyen reportes militares, testimonios de pilotos, imágenes y observaciones de objetos que, según los informes, no pudieron ser identificados con certeza.

Para algunos, esto confirma que los extraterrestres existen.

Para otros, se trata de tecnología secreta que aún no conocemos.

Y para muchos cristianos surge una pregunta inevitable:

¿La Biblia dice algo sobre todo esto?

La respuesta es más interesante de lo que muchos imaginan.

Lo primero que debemos entender es que la Biblia no menciona extraterrestres como los describe la cultura popular. No habla de seres que viajan en platillos voladores ni de civilizaciones provenientes de otros planetas.

Sin embargo, la Biblia sí habla de seres inteligentes que no son humanos.

Habla de ángeles.

Habla de querubines.

Habla de serafines.

Habla de demonios.

Habla de una realidad espiritual invisible que existe más allá de lo que nuestros ojos pueden ver.

Y eso ya es algo sorprendente.

Porque mucho antes de que existieran telescopios, radares o satélites, la Biblia enseñaba que la realidad es mucho más grande de lo que percibimos.

Pero hay otro tema que siempre aparece cuando se habla de extraterrestres.

Los gigantes.

En Génesis 6:4 encontramos uno de los pasajes más misteriosos de toda la Escritura:

«Había gigantes en la tierra en aquellos días…»

La palabra utilizada es nefilim.

Durante miles de años, estudiosos, teólogos e investigadores han debatido quiénes eran realmente estos seres.

Algunos creen que eran simplemente hombres de gran tamaño y poder.

Otros creen que el pasaje describe algo mucho más extraordinario relacionado con los acontecimientos anteriores al diluvio.

La Biblia no responde todas nuestras preguntas sobre ellos, y precisamente por eso el tema sigue generando debate hasta hoy.

Más adelante encontramos otros gigantes mencionados en las Escrituras.

El más famoso fue Goliat.

Un guerrero tan grande y aterrador que un ejército entero le tenía miedo.

Sin embargo, la Biblia nunca dice que Goliat fuera un extraterrestre.

Era un hombre.

Un gigante, sí.

Pero un hombre.

Lo mismo ocurre con los descendientes de Anac y los refaítas mencionados en el Antiguo Testamento.

Entonces surge una pregunta importante.

Si los nefilim, los gigantes y los seres celestiales existen en la Biblia, ¿podrían estar relacionados con los fenómenos que hoy algunas personas llaman extraterrestres?

La verdad es que nadie puede responder esa pregunta con absoluta certeza.

Y aquí debemos ser cuidadosos.

Los archivos desclasificados de Estados Unidos no afirman que los objetos observados provengan de otros planetas.

Tampoco dicen que sean seres espirituales.

Simplemente reconocen que existen casos que aún no tienen una explicación definitiva.

Eso es muy diferente a demostrar la existencia de extraterrestres.

Pero quizás estamos haciendo la pregunta equivocada.

Tal vez la pregunta no debería ser si existen seres inteligentes en algún lugar del universo.

Tal vez la pregunta debería ser:

¿Quién creó el universo?

La Biblia responde esa pregunta desde su primer versículo.

«En el principio creó Dios los cielos y la tierra.»

Eso significa que todo lo que existe, visible o invisible, conocido o desconocido, está bajo la autoridad de Dios.

El apóstol Pablo escribió:

«Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles.» (Colosenses 1:16)

Observa esas palabras.

Visibles e invisibles.

Hay cosas que conocemos.

Hay cosas que todavía no conocemos.

Hay misterios que la ciencia ha resuelto.

Y hay misterios que siguen sin respuesta.

Pero ninguno de ellos está fuera del control de Dios.

A veces nos fascina imaginar qué podría haber más allá de las estrellas.

Y no tiene nada de malo sentir curiosidad.

Dios mismo creó un universo tan inmenso que apenas comenzamos a comprenderlo.

Sin embargo, mientras el mundo mira hacia el cielo buscando respuestas, la Biblia nos recuerda algo aún más importante.

El mayor misterio no es si existe vida en otro planeta.

El mayor milagro es que el Dios que creó miles de millones de galaxias decidió venir a este mundo para salvarnos.

Jesucristo no vino a revelar los secretos del universo.

Vino a reconciliar al ser humano con Dios.

Por eso, aunque algún día la humanidad descubriera vida fuera de la Tierra, eso no cambiaría el mensaje central del Evangelio.

Dios seguiría siendo el Creador.

Cristo seguiría siendo el Salvador.

Y nuestra necesidad de arrepentimiento y fe seguiría siendo la misma.

Somos Cristianos, conectando corazones con Cristo.

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