Hay palabras de Jesús que uno no puede leer rápido, porque si las lees despacio, te confrontan.
Una de ellas es cuando dijo:
“A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.”
Mateo 9:37
Jesús dijo esto después de mirar a las multitudes.
Y eso es importante.
Porque Jesús no estaba viendo simplemente gente caminando.
No estaba viendo números.
No estaba viendo una multitud más.
Jesús estaba viendo corazones.
La Biblia dice que tuvo compasión de ellos, porque estaban desamparados y dispersos, como ovejas que no tienen pastor.
Y yo creo que eso sigue pasando hoy.
Hay mucha gente caminando por la vida, pero por dentro está perdida.
Hay personas que trabajan, sonríen, publican cosas bonitas, saludan a todos… pero en silencio están cansadas.
Hay familias que se ven bien por fuera, pero por dentro se están quebrando.
Hay jóvenes que tienen todo en la mano, pero no tienen paz en el corazón.
Hay personas que conocen de religión, pero no conocen el descanso que solo Cristo puede dar.
Y Jesús mira todo eso.
Nosotros muchas veces vemos gente difícil.
Jesús ve gente herida.
Nosotros vemos personas equivocadas.
Jesús ve ovejas sin pastor.
Nosotros vemos problemas.
Jesús ve una cosecha.
Por eso dijo: “La mies es mucha”.
La necesidad es grande.
El dolor es grande.
La confusión es grande.
La sed de Dios es grande, aunque muchos no sepan cómo decirlo.
Pero luego Jesús dijo algo que también debe hacernos pensar:
“Los obreros son pocos.”
Y eso duele un poco, porque no dijo que faltaban religiosos.
No dijo que faltaban opiniones.
No dijo que faltaban personas que criticaran desde lejos.
Dijo que faltaban obreros.
Porque un obrero no solo mira la necesidad.
Un obrero se involucra.
Un obrero ora.
Un obrero sirve.
Un obrero ama.
Un obrero se ensucia las manos si es necesario.
Un obrero no busca aplausos, busca obedecer a Dios.
Y a veces pensamos que servir a Dios es solamente predicar en una iglesia, cantar en un púlpito o tener un cargo.
Pero no siempre es así.
A veces ser obrero es llamar a alguien que está solo.
Es escuchar a una persona sin juzgarla.
Es compartir una palabra de esperanza.
Es orar por alguien que ya no tiene fuerzas.
Es enseñar a tus hijos a buscar a Dios.
Es perdonar cuando tu orgullo quiere responder.
Es ayudar aunque nadie te lo reconozca.
Servir a Dios no siempre se ve grande delante de los hombres, pero sí delante del Señor.
Tal vez tú has pensado: “Yo no sé mucho.”
O tal vez has dicho: “Yo no soy el indicado.”
O quizá has sentido que Dios no puede usar tu vida porque has fallado demasiado.
Pero mira algo.
Dios no está buscando gente perfecta.
Está buscando gente disponible.
Pedro falló.
Moisés tuvo miedo.
David cometió errores.
Pablo tuvo un pasado terrible.
Y aun así, Dios los usó.
Porque la obra no depende de lo fuerte que tú seas.
Depende del Dios que te llama.
Por eso Jesús no dijo primero: “Vayan y trabajen.”
Primero dijo:
“Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.”
Mateo 9:38
Antes de servir, hay que orar.
Porque la mies es de Dios.
Las almas son de Dios.
La obra es de Dios.
Nosotros no somos los dueños de la cosecha.
Somos siervos en las manos del Señor.
Pero qué privilegio tan grande es que Dios quiera usarnos.
Tal vez hoy no tienes que empezar haciendo algo enorme.
Tal vez solo tienes que empezar con alguien.
Una persona.
Una llamada.
Una oración.
Una palabra.
Un mensaje.
Un acto de amor.
Una decisión de decir: “Señor, aquí estoy.”
Porque mientras algunos discuten, otros se están perdiendo.
Mientras algunos esperan sentirse listos, hay corazones esperando una palabra de vida.
Mientras algunos dicen “eso le toca a otros”, Jesús sigue llamando obreros.
Y tal vez hoy esa voz también te está llamando a ti.
No para que seas famoso.
No para que todos te aplaudan.
No para que parezcas más espiritual que otros.
Sino para que seas luz donde hay oscuridad.
Para que seas consuelo donde hay dolor.
Para que seas instrumento en las manos de Dios.
La mies sigue siendo mucha.
Los obreros siguen siendo pocos.
Y el tiempo para servir es hoy.
Te invito a que me acompañes en esta oración:
Señor Jesús, dame un corazón como el tuyo. Ayúdame a mirar a las personas con compasión y no con indiferencia. Perdóname por las veces que he visto la necesidad y he seguido de largo. Hazme un obrero fiel, humilde y dispuesto. Usa mi vida, aunque no sea perfecta. Usa mis palabras, mis manos, mi tiempo y mi corazón para llevar tu amor a quienes más lo necesitan. Aquí estoy, Señor. Envíame a mí. Amén.
SomosCristianos
Conectando corazones con Cristo.




