Quédate hasta el final… porque lo que está ocurriendo en Perú no es solo un cambio de nombre en el Palacio de Gobierno. Es un momento que pone a prueba la estabilidad democrática y la madurez espiritual de una nación.
José María Balcázar ha asumido la presidencia del Perú en medio de un clima político tenso, marcado por constantes cambios de mandatario y una sensación generalizada de inestabilidad institucional. Analistas y líderes sociales coinciden en que esta transición no es un hecho aislado, sino parte de una crisis más profunda dentro del sistema democrático peruano.
Desde el ámbito cristiano, el presidente del Consejo Nacional Evangélico del Perú (CONEP), Enrique Alva, expresó su preocupación por lo que describió como un deterioro institucional y una creciente concentración de poder en el Congreso.
Según explicó, los recientes cambios presidenciales no han sido impulsados por movilizaciones populares, sino por decisiones parlamentarias que han modificado artículos de la Constitución sin un amplio respaldo ciudadano. Para Alva, esto ha generado un desequilibrio entre los poderes del Estado, debilitando la esencia de la democracia.
“Cuando no existe equilibrio entre los poderes, la democracia se distorsiona y se vuelve manipulable”, advirtió.
En cuanto al nuevo presidente, el líder evangélico manifestó reservas sobre su trayectoria. Señaló que Balcázar no proviene de una carrera política consolidada y que su paso por el sistema judicial y el Congreso ha estado rodeado de cuestionamientos. También mencionó que existen procesos legales pendientes, lo que podría dejarlo en una posición vulnerable frente a presiones políticas.
Además, uno de los temas que más controversia ha generado en la opinión pública son declaraciones pasadas del ahora presidente relacionadas con el debate sobre el matrimonio infantil, lo que ha encendido preocupaciones éticas y sociales en distintos sectores.
Observadores políticos señalan que su llegada al poder parece responder más a acuerdos dentro del Congreso que a una dirección ideológica clara. En sus primeras declaraciones, Balcázar afirmó que no impulsará políticas de izquierda tradicionales y descartó la posibilidad de indultos polémicos, intentando enviar un mensaje de estabilidad.
Frente a este panorama, Enrique Alva subrayó que el momento exige prudencia, pero también vigilancia ciudadana. Señaló que el corto periodo de gobierno debería enfocarse en garantizar la seguridad, fortalecer programas sociales y, especialmente, asegurar un proceso electoral transparente, limpio y respetuoso de la ley de cara a las próximas elecciones.
También hizo un llamado a que el nuevo presidente actúe con independencia, evitando presiones externas o intereses particulares que puedan comprometer la gobernabilidad. La lucha contra la corrupción y una política exterior firme son, según él, prioridades que no deben descuidarse.
Más allá de las posiciones políticas, el mensaje final de los líderes evangélicos no fue partidista, sino espiritual: oración y responsabilidad.
Como creyentes, entendemos que los gobiernos cambian, pero nuestra esperanza no depende de un nombre ni de un cargo.
La Biblia nos recuerda:
“Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los que están en eminencia.” (1 Timoteo 2:1-2)
Perú atraviesa un momento delicado. Es tiempo de interceder por sabiduría para sus autoridades, por justicia en sus instituciones y por paz en su pueblo.
Te invito a que me acompañes en esta oración: Señor, mira a Perú. Da sabiduría a sus gobernantes y discernimiento a su pueblo. Guarda la democracia, fortalece la justicia y levanta líderes íntegros. Que en medio de la incertidumbre, tu paz gobierne los corazones. Amén.
Somos Cristianos, conectando corazones con Cristo.




