Lo que Jesús hizo en los 40 días después de resucitar y antes de subir al cielo.

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Lo que Jesús hizo en los 40 días después de resucitar y antes de subir al cielo.
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Quédate un momento… porque esta parte de la historia casi no se explica, y sin embargo es de las más profundas.

Después de resucitar, Jesús no se fue inmediatamente al cielo. Se quedó 40 días en la tierra, y esos días no fueron un simple “despedirse”… fueron una etapa completa de confirmación, enseñanza, restauración y preparación.

La Biblia dice en Hechos 1:3 que Jesús se presentó con muchas pruebas indubitables. Es decir, no dejó espacio para dudas. No fue algo simbólico ni emocional… fue real, tangible. Comía con ellos, hablaba con ellos, permitía que lo tocaran.

Se le apareció primero a María Magdalena, en medio del dolor. Y eso ya nos dice algo: Jesús no se revela primero a los fuertes, sino a los que están quebrados.

Luego se apareció a los discípulos… pero no en su mejor momento. Estaban encerrados, con miedo, confundidos. Jesús entra y lo primero que les dice es: “Paz a vosotros.” No les reclama. No les reprocha haber huido. Les da paz.

A los que iban camino a Emaús, les habló de las Escrituras desde Moisés hasta los profetas… explicándoles que todo apuntaba a Él. Ahí entendemos que Jesús no solo vino a salvar… vino a dar sentido a toda la historia.

También está Tomás. Dudó. Quiso pruebas. Y Jesús no lo rechaza. Se le acerca y le dice: “Toca mis heridas.” Eso es impresionante… porque Dios no le tiene miedo a tus dudas sinceras.

Y hay algo que muchos pasan por alto: Jesús se apareció a más de 500 personas al mismo tiempo (1 Corintios 15:6). Esto no fue una experiencia privada de unos cuantos… fue una confirmación pública.

Durante esos 40 días, Jesús habló principalmente de algo: el Reino de Dios. Pero ahora lo explicaba desde la victoria. Ya no era teoría… era cumplimiento.

También ocurrió algo muy importante que a veces se menciona poco:
Jesús sopló sobre sus discípulos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo” (Juan 20:22). Fue un anticipo de lo que vendría en Pentecostés. Como si les dijera: “No están solos… esto apenas comienza.”

Y uno de los momentos más humanos… fue con Pedro.

Pedro lo había negado tres veces. Y Jesús, en lugar de humillarlo, lo restaura tres veces: “¿Me amas?”
Jesús no solo le hizo la pregunta… le dio tres oportunidades para sanar lo que había roto. Cada respuesta de Pedro no era solo una palabra, era una restauración profunda del corazón.
Y después de cada “sí”, Jesús le confía algo: “Apacienta mis ovejas.” Es decir, no solo lo perdona… vuelve a confiar en él.
No fue solo perdón… fue restitución. Le devolvió propósito. Le devolvió su lugar.

Jesús también les dio una misión clara:
“Irán por todo el mundo…”
Pero también les dijo algo clave: “Esperen.”
Porque entendían el mensaje… pero todavía necesitaban el poder.

Y entonces llegó el momento final.

En el monte de los Olivos, Jesús reunió a sus discípulos. Les habló por última vez, reafirmó la promesa del Espíritu Santo… y entonces, delante de ellos, comenzó a elevarse.

No fue una imagen simbólica. No fue una visión.
Fue visible. Fue físico. Fue real.

Una nube lo cubrió… y dejó de verse.

Los discípulos se quedaron mirando al cielo, como tratando de entender lo que acababan de presenciar. Y en ese momento, dos ángeles les dijeron:

“Ese mismo Jesús, que ha sido tomado de ustedes al cielo, así vendrá como lo han visto ir.”

Y aquí es donde todo toma un sentido más profundo…

Jesús no ascendió para irse…
ascendió para sentarse en autoridad, para interceder por nosotros, para enviar al Espíritu Santo, y para preparar un lugar.

No fue el final de su obra… fue una transición.

Te dejo esta reflexión para que la medites en tu corazón…

A veces sentimos que Dios está lejos porque no lo vemos como antes… pero los discípulos también lo “perdieron de vista” ese día. Y sin embargo, fue cuando más cerca estaba el cumplimiento de la promesa.

Jesús pasó de estar con ellos… a estar en ellos.

Y eso cambia todo.

Porque ya no dependemos de verlo físicamente… sino de caminar en fe, con una presencia que no se va, que no se limita, que no se ausenta.

Y hay algo que no debemos olvidar…

Así como se fue… así va a regresar.

Te invito a que me acompañes en esta oración…

Señor Jesús, gracias por no dejar nada incompleto. Gracias por esos 40 días donde afirmaste la fe de tus discípulos y preparaste el camino para nosotros. Ayúdanos a entender que aunque no te veamos, sigues presente. Quita nuestras dudas, restaura nuestras fallas, y llénanos de tu Espíritu para vivir con propósito. Enséñanos a esperar en ti, a confiar en tu tiempo, y a vivir sabiendo que un día volverás. Amén.

Somos Cristianos, conectando corazones con Cristo.

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