La vida no se mide por lo que acumulas.

Únete al canal de: WhatsApp Telegram

A veces una sola frase de Jesús basta para desarmarnos por dentro… si nos detenemos a escucharla de verdad.

«¡Tengan cuidado! —advirtió a la gente—. Absténganse de toda avaricia; la vida de una persona no depende de la abundancia de sus bienes».

Lucas 12:15

Jesús no dijo esto al azar. Venía de una escena muy humana: alguien se le acerca y le pide que intervenga en una herencia. Dinero, posesiones, derechos. Nada raro. Nada escandaloso. Algo cotidiano. Y ahí es donde Jesús hace una pausa, mira a todos, y lanza una advertencia que sigue incomodando hasta hoy: tengan cuidado.

No dice “el dinero es malo”. No dice “no trabajen”. Dice algo más profundo y más peligroso: la avaricia se cuela sin que la notemos. Se disfraza de previsión, de responsabilidad, de “quiero asegurar mi futuro”. Y mientras creemos estar construyendo estabilidad, poco a poco empezamos a medir nuestra vida por lo que tenemos, no por lo que somos.

Justo después, Jesús cuenta la parábola del hombre rico que tuvo una gran cosecha. No robó. No engañó. Simplemente le fue bien. El problema no fue su abundancia, sino su diálogo interior: “mis graneros, mis bienes, mi descanso, mi futuro”. Dios no aparece en ningún pensamiento. Nadie más aparece en su plan. Todo gira alrededor del “yo”. Y esa misma noche, su vida termina.

Ahí entendemos mejor la advertencia de Jesús. La avaricia no siempre grita; muchas veces susurra. Nos convence de que cuando tengamos “un poco más”, entonces sí viviremos tranquilos. Pero la paz no llega. Siempre hay otro número, otra meta, otro miedo. Y sin darnos cuenta, la vida se nos va acumulando cosas… pero vaciando el corazón.

Jesús voltea la lógica del mundo. Nos recuerda que el valor de una persona no se mide en cuentas, propiedades ni logros visibles. La vida verdadera no depende de lo que podemos guardar, sino de lo que somos capaces de confiar, compartir y soltar. Porque todo lo que poseemos es temporal, pero lo que Dios forma en nosotros permanece.

Te dejo esta reflexión: ¿qué estás usando hoy para medir tu vida? ¿Lo que tienes… o a Quién tienes?

Te invito a que me acompañes en esta oración breve:

Señor, límpiame el corazón de toda avaricia que no siempre sé reconocer. Recuérdame que mi vida vale por Tu presencia, no por mis posesiones. Enséñame a confiar en Ti más que en lo que puedo acumular. Amén.

En Somos Cristianos Conectamos Corazones con Cristo.

También te puede interesar:

COMENTARIOS EN SOMOSCRISTIANOS