Quédate un momento… porque tal vez hoy necesitas decirle a tu mamá esas palabras que muchas veces se quedan guardadas en el corazón.
Mamá, hoy quiero darte gracias.
Gracias por todo lo que has hecho por mí, incluso por aquello que nunca vi, por aquello que nunca entendí, por aquello que quizá nunca supe valorar como debía.
Gracias por las noches en las que no dormiste bien porque yo estaba enfermo. Gracias por tus manos cansadas, por tus ojos llenos de preocupación, por tus oraciones en silencio, por tus lágrimas escondidas, por tu paciencia cuando yo no entendía tu amor.
Hoy miro hacia atrás y entiendo muchas cosas que antes no entendía.
Entiendo que muchas veces dijiste “estoy bien”, aunque por dentro estabas cansada. Entiendo que muchas veces sonreíste para no preocuparme. Entiendo que muchas veces te quedaste sin algo para que a mí no me faltara. Entiendo que tu amor no siempre hizo ruido, pero siempre estuvo ahí.
Mamá, gracias por cuidarme.
Gracias por enseñarme a caminar, no solo con mis pies, sino también por la vida. Gracias por corregirme cuando era necesario, aunque a veces yo no lo recibiera bien. Gracias por insistir, por aconsejarme, por esperarme, por no rendirte conmigo.
La Palabra de Dios dice: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da.” Éxodo 20:12.
Y hoy entiendo que honrarte no es solo obedecerte cuando era niño. Honrarte también es reconocer tu esfuerzo, valorar tu sacrificio, hablarte con amor, abrazarte mientras puedo, y decirte con el alma: gracias, mamá.
Gracias por tu amor, que muchas veces fue más fuerte que mi carácter. Gracias por perdonarme cuando te fallé. Gracias por seguir amándome aun en mis días difíciles. Gracias por tus palabras, por tus silencios, por tus abrazos, por tu forma de mirarme como si todavía vieras en mí a ese niño o esa niña que necesitaba protección.
Bendito sea el Señor por haberme dado una madre como tú.
Porque ahora entiendo que una madre no es perfecta, pero su amor muchas veces se parece al amor de Dios: un amor que espera, que perdona, que cuida, que llora, que ora, que no se rinde fácilmente.
Mamá, tal vez no te lo he dicho lo suficiente, pero tu vida ha sido una bendición para la mía.
Si alguna vez te hice sentir que no valoraba lo que hacías, perdóname. Si alguna vez mis palabras fueron duras, perdóname. Si alguna vez di por hecho tu presencia, perdóname. Hoy quiero decirte que te amo, que te necesito, que le doy gracias a Dios por ti.
Porque hay regalos que el cielo nos presta por un tiempo, y uno de esos regalos eres tú.
Te dejo esta reflexión: no esperemos a que una madre ya no esté para decirle cuánto la amamos. No esperemos a que su silla esté vacía para valorar su presencia. No esperemos a que solo quede una fotografía para llorar lo que nunca dijimos.
Si tienes a tu mamá viva, abrázala. Llámala. Escríbele. Dile gracias. Dile que la amas. Dile que su vida no ha pasado desapercibida. Porque una madre puede recordar esas palabras por el resto de su vida.
Y si tu mamá ya partió con el Señor, dale gracias a Dios por el tiempo que te la prestó. Porque el amor de una madre no muere; se queda sembrado en el alma, en los recuerdos, en las enseñanzas, en cada oración que un día hizo por ti.
Te invito a que me acompañes en esta oración:
Señor, gracias por mi madre. Gracias por su vida, por su amor, por sus cuidados y por todo lo que hizo por mí. Bendícela, fortalécela, llénala de paz y rodéala con tu amor. Ayúdame a honrarla no solo con palabras, sino también con mis acciones. Y si mi madre ya no está conmigo, ayúdame a recordarla con gratitud, con amor y con esperanza en ti. Amén.
Somos Cristianos, conectando corazones con Cristo.




