Por primera vez en dos años, Belén y Jerusalén iluminaron sus calles con luces navideñas, marcando un momento profundamente simbólico para dos ciudades que todavía sienten las consecuencias humanitarias y económicas de la guerra en Gaza.
En Belén, miles de personas se reunieron en la Plaza del Pesebre para ver encenderse el imponente árbol de Navidad, una tradición pausada durante dos temporadas como gesto de solidaridad con quienes sufren el conflicto.
Aunque la ceremonia fue sencilla, se convirtió en un poderoso recordatorio de unidad y de la necesidad de volver a la esperanza.
Entre quienes asistieron estaban representantes de la Custodia de Tierra Santa, incluyendo al párroco local, el padre Rafael Tayem, y al Custodio Fr Francesco Ielpo. Su presencia reflejó el anhelo de la comunidad por reencontrarse en torno a la fe y a la vida.
El alcalde de Belén, Maher Nicola Canawati, reconoció que la decisión de retomar las celebraciones no fue fácil en medio del dolor regional.
Al ser cuestionado, respondió con honestidad:
“Algunos dirán que no es apropiado, otros dirán que sí… pero en mi corazón sentí que era lo correcto. La Navidad nunca debería detenerse. Esta es nuestra luz de esperanza.”
Una tradición que vuelve en medio de grandes desafíos
Aunque el encendido del árbol trajo alegría, la realidad local sigue siendo difícil.
Tras años de calles vacías y mercados cerrados, la economía continúa frágil. La tregua del 9 de octubre no ha traído el alivio esperado: el desempleo se ha disparado y miles de trabajadores del West Bank siguen sin poder laborar en Israel desde los ataques de 2023.
A esto se suma la crisis financiera de la Autoridad Palestina, que ha reducido los salarios de empleados públicos mientras Israel mantiene retenidos ingresos fiscales.
En ese contexto, muchas familias cristianas anticipan una Navidad austera, aun cuando celebraciones como estas ofrecen un pequeño respiro.
Aun así, la gente de Belén sintió este año algo distinto.
Nadya Hazboun, diseñadora local, lo expresó así:
“Aquí empezó todo. Desde aquí podemos recordarle al mundo lo que realmente significa la Navidad. Si este año es un poco más pacífico, ojalá podamos mandar un mensaje hermoso al mundo entero.”
La ceremonia incluyó discursos, música, presentaciones culturales y hasta un saludo internacional de Andrea Bocelli, quien compartió un mensaje musical de paz y esperanza.
Los alcaldes de Belén y Asís también enviaron palabras de ánimo para la región.
El programa comenzó con un desfile de scouts y el himno nacional palestino, seguido de un video titulado Desde las sombras de la guerra, nace la paz.
Después, líderes católicos, ortodoxos y armenios se unieron en una bendición conjunta antes de iniciar el conteo regresivo que encendió el árbol entre aplausos.
A pesar de la baja visitación turística, algunos peregrinos—incluyendo ciudadanos palestinos de Israel y visitantes rusos—ya han empezado a regresar.
Un guía turístico local resumió el sentimiento general:
“Esta es una ciudad turística. Sin turismo no hay vida. Ojalá este árbol sea el inicio del regreso.”
Jerusalén también vuelve a celebrar
El 7 de diciembre, la Escuela Terra Santa volvió a celebrar su Festival Anual de Navidad, otro evento que había estado detenido.
El ambiente estuvo lleno de música, comida, actividades familiares y un cierre emotivo con el encendido del árbol del campus.
Uno de los momentos más significativos llegó con el coro de la Escuela Helen Keller de Beit Hanina, que atiende a niños con diversas discapacidades bajo la dirección del padre Paulo Paulista.
Su presentación, llena de emoción y ternura, recibió una ovación que muchos describieron como un soplo de esperanza para toda la comunidad.
A lo largo del día, estudiantes compartieron poesía, música y pequeños dramas teatrales, expresiones de creatividad que muchas familias temían no volver a ver en público.
Aun con tensiones regionales y dificultades económicas, el regreso de estas celebraciones ha devuelto algo elemental: la sensación de comunidad y el deseo de seguir creyendo en la paz.
Reflexión cristiana
En lugares donde nació nuestra fe, donde Jesús abrió un camino de esperanza para toda la humanidad, ver las luces de Navidad encenderse otra vez es más que un evento cultural: es un recordatorio vivo de que la luz siempre vuelve a romper la oscuridad.
Puede haber crisis, conflictos y silencios largos… pero cada vez que una comunidad decide reunirse, cantar, encender una luz o levantar una oración, el mensaje del evangelio vuelve a brillar.
Como cristianos en cualquier parte del mundo, este momento nos invita a orar por paz verdadera en Tierra Santa y a recordar que, incluso cuando parece imposible, Dios sigue encendiendo esperanza donde antes solo había sombras.
Somos Cristianos, conectando corazones con Cristo.




