Si haces algo bueno solo para que te vean… ya lo perdiste todo.
Jesús lo dijo sin rodeos en el Evangelio de Mateo 6:1: cuídate de hacer tus obras delante de la gente para llamar la atención, porque si lo haces así… tu Padre no te dará ninguna recompensa.
Eso es fuerte.
Porque muchos vivimos pensando que “hacer el bien es suficiente”. Pero Jesús va más profundo: no solo importa lo que haces… importa desde dónde lo haces.
Piénsalo así. Ayudas a alguien, das dinero, sirves, apoyas… pero lo publicas, lo comentas, esperas que alguien lo note. Y sí, recibes algo: un “qué buena persona eres”, un reconocimiento, una reacción.
Jesús dice: eso fue todo. Esa fue tu recompensa. Y ya no hay más.
No es que Dios no vea lo que hiciste… es que tú decidiste cambiar la recompensa eterna por una momentánea.
Y aquí está lo que muchos no entienden.
Dios no está en contra de que hagas el bien. Está en contra de que lo hagas para alimentar tu imagen. Porque entonces ya no es amor puro… es orgullo disfrazado.
Pero cuando haces el bien en silencio… cuando nadie te aplaude, cuando nadie se entera, cuando no hay cámaras ni publicaciones… ahí es donde entra Dios.
Ahí Él ve lo que otros no ven.
Y ahí sí hay recompensa.
Una paz que no puedes fingir. Una cercanía con Dios que no se compra. Una satisfacción que no depende de nadie más.
Te dejo esta reflexión para que la medites: si nadie supiera lo que haces por Dios… ¿seguirías haciéndolo igual?
Acompáñame en esta oración:
Padre nuestro que estás en el cielo, hoy vengo delante de Ti con un corazón sincero. Perdóname si muchas veces he buscado la aprobación de la gente más que la Tuya. Enséñame a hacer el bien en lo secreto, a servir con humildad y a vivir para agradarte solo a Ti. Limpia mis intenciones y ayúdame a hacer todo con un corazón recto, aun cuando nadie esté mirando.
Todo te lo pido en el nombre de Cristo Jesús, Amén.
En Somos Cristianos conectamos corazones con Cristo.




