Hay algo que muy poca gente se atreve a decir en voz alta dentro de la iglesia.
Y es esto: llevar años creyendo, orando, confiando en Dios, y seguir viendo las mismas paredes. Los mismos problemas. La misma situación que pediste que cambiara hace tanto tiempo que ya casi no recuerdas cómo era tu vida sin ese peso.
Tal vez llevas años orando por esa persona que no cambia. Por esa enfermedad que no cede. Por esa situación económica que no mejora. Por ese sueño que sigue sin llegar. Y por dentro, aunque no lo dices porque da miedo decirlo, hay una pregunta que no te deja en paz: ¿Para qué sigo creyendo si nada cambia?
Quiero hablarte de eso hoy. Sin juzgarte. Sin darte respuestas vacĆas. Porque esa pregunta no es seƱal de que tu fe estĆ” muerta. Es seƱal de que eres humano.
La Biblia no nos muestra una fe fĆ”cil ni instantĆ”nea. Abraham esperó 25 aƱos para ver cumplida la promesa de Dios. 25 aƱos. Hubo momentos en que Ć©l y Sara se rieron de la promesa porque les parecĆa imposible. Y Dios igual la cumplió. JosĆ© esperó aƱos en una cĆ”rcel sin haber hecho nada malo antes de ver el plan de Dios hacerse realidad. El pueblo de Israel caminó 40 aƱos en el desierto antes de llegar a la tierra prometida.
Ninguno de ellos vio el cambio de un dĆa para otro.
Y sin embargo la Biblia los llama hƩroes de la fe.
Eso significa algo muy importante: la fe no se mide por la velocidad con que llegan los cambios. Se mide por la decisión de seguir creyendo cuando todavĆa no ves nada.
Hay algo mƔs que nadie te dice y que yo quiero decirte hoy con honestidad.
A veces Dios no cambia tu situación porque primero estÔ cambiando algo en ti. Porque la persona que eras cuando empezaste a orar no es la misma persona que necesita recibir lo que estÔs pidiendo. Y Dios, que te ama demasiado para darte algo antes de que estés listo, te estÔ formando por dentro mientras tú esperas por fuera.
No es castigo. Es preparación.
Ā«Pero los que confĆan en el SeƱor renovarĆ”n sus fuerzas. VolarĆ”n como Ć”guilas, correrĆ”n y no se cansarĆ”n, caminarĆ”n y no se fatigarĆ”n.Ā» ā IsaĆas 40:31
SĆ© que esperar duele. SĆ© que hay dĆas en que la fe se siente mĆ”s como un esfuerzo que como una paz. SĆ© que hay momentos en que uno entra a la iglesia sonriendo por fuera mientras por dentro estĆ” llorando sin que nadie lo sepa.
Pero quiero que sepas esto: el hecho de que sigas aquĆ, de que sigas creyendo aunque duela, de que sigas orando aunque no hayas visto el cambio todavĆa, eso no es debilidad. Eso es una de las formas mĆ”s valientes de fe que existen.
No te rindas justo antes del amanecer.
Ora esto conmigo hoy:
Ā«SeƱor, estoy cansado de esperar. No voy a mentirte. Pero tampoco me quiero rendir. Dame fuerzas para seguir creyendo un dĆa mĆ”s. RecuĆ©rdame que tu tiempo es perfecto aunque el mĆo se sienta eterno. Y ayĆŗdame a confiar en que lo que prometiste, lo vas a cumplir. AmĆ©n.Ā»
Somos Cristianos, conectando corazones con Cristo.




