La historia del calendario de Adviento: de una costumbre alemana a una tradición que hoy toca a los latinos.

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Cada 1 de diciembre millones de personas abren la primera ventanita de su calendario de Adviento. Es un gesto tan cotidiano que muchos olvidan que esta tradición es bastante reciente. DetrÔs de esas pequeñas puertas se esconde una historia hermosa de fe, creatividad y amor por preparar el corazón para la llegada de Jesús.

Todo comenzó en la Alemania luterana del siglo XIX. Las familias querían ayudar a sus hijos a entender la espera hacia la Navidad y contaban los días con líneas de gis en la puerta, velas o pequeñas imÔgenes devocionales. Para 1851 ya existían versiones de calendarios de madera, y poco a poco esta prÔctica fue tomando forma.

El gran salto ocurrió gracias a Gerhard Lang, un editor alemĆ”n nacido en 1881. Inspirado por la costumbre de su madre de pegar dulces o dibujos en un cartón durante diciembre, Lang imprimió en 1903 un calendario llamado ā€œEn la tierra del NiƱo JesĆŗsā€, con 24 imĆ”genes para descubrir. En 1920 aƱadió pequeƱas puertas que revelaban ilustraciones y versĆ­culos bĆ­blicos, y ese diseƱo se convirtió en el modelo de los calendarios que conocemos hoy.

Aunque el Adviento litúrgico comienza en domingo, los calendarios comerciales fijaron la cuenta regresiva del 1 al 24 de diciembre para que pudieran reutilizarse cada año. Con el tiempo aparecieron versiones mÔs seculares, y durante los años 30 la tradición se expandió a Austria, Italia y las naciones escandinavas.

Después de la Segunda Guerra Mundial el calendario cruzó el océano. En 1945 el editor alemÔn Richard Sellmer imprimió versiones en inglés y los soldados estadounidenses compraron varios para enviarlos a casa. En 1953 se regaló uno al presidente Dwight Eisenhower, quien apareció en la prensa abriéndolo con sus nietos. Esa escena hizo que los calendarios de Adviento se popularizaran rÔpidamente en Estados Unidos.

En el Reino Unido la llegada fue mƔs lenta. En los aƱos 50 solo se veƭan en hogares con raƭces alemanas o escandinavas, o en librerƭas cristianas. Para 1956 finalmente aparecieron en tiendas comunes, anunciados como una forma especial de que los niƱos esperaran la Nochebuena. Con los aƱos surgieron calendarios con causas benƩficas y posteriormente versiones producidas directamente en Inglaterra.

El giro moderno llegó en 1971 con el primer calendario de chocolate lanzado por Cadbury. Y desde los años 90 esta tradición se diversificó con calendarios de juguetes, té, cosméticos, galletas y mÔs. Hoy existen desde los mÔs seculares hasta los profundamente cristianos.

Ahora bien, ¿qué pasa con América Latina y los latinos?
Es importante decirlo con claridad: el calendario de Adviento no nació como una tradición latina, y durante dĆ©cadas no formó parte de las costumbres navideƱas de nuestros paĆ­ses, donde solemos vivir el Adviento a travĆ©s de las posadas, las novenas, los villancicos, los nacimientos y las reuniones familiares. Sin embargo, en los Ćŗltimos 15 a 20 aƱos, gracias a la globalización, la migración y las redes sociales, muchos hogares latinos —especialmente familias jóvenes y cristianas— han empezado a adoptar el calendario de Adviento como una forma prĆ”ctica y visual de enseƱar a los niƱos la importancia espiritual de la espera por JesĆŗs.

En Estados Unidos, donde vive una comunidad latina enorme, el calendario de Adviento es cada vez mÔs común en hogares hispanos. Muchos lo ven como una herramienta bonita y sencilla para mantener el corazón de la familia enfocado en Cristo en medio de una temporada que la cultura comercial suele saturar de regalos y compras.

En América Latina la tradición estÔ creciendo, aunque todavía no es tan fuerte como en Europa o Estados Unidos. La mayoría de quienes la adoptan lo hacen por su valor espiritual: ayudar a los niños a abrir una ventanita cada día con un versículo, una oración corta o un recordatorio de que Jesús viene a traer luz al mundo.

Antes de cerrar, quiero dejarte una breve reflexión. A veces pensamos que la Navidad llega de golpe, pero en realidad Dios nos invita a vivirla poco a poco. Cada ventanita que abrimos es un recordatorio de que la esperanza se construye dĆ­a a dĆ­a. Que este Adviento no sea solo una cuenta regresiva, sino una oportunidad para que Cristo vuelva a nacer en los rincones donde mĆ”s lo necesitamos. Ɖl llega en silencio, pero siempre llega a tiempo. Y su luz, cuando entra, transforma todo.

Somos Cristianos, conectando corazones con Cristo.

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