El diezmo: ¿es lícito o robo?

Únete al canal de: WhatsApp Telegram

En somoscristianos.org conectamos corazones con Cristo.



Hablar del diezmo es tocar un tema sensible. Muchos lo defienden con pasión, otros lo rechazan con enojo. En medio de opiniones y controversias, surge una pregunta sincera: ¿el diezmo es un mandato válido para los cristianos de hoy, o se ha convertido en un abuso disfrazado de espiritualidad?

Desde el principio, el diezmo no nació como una obligación forzada, sino como un acto voluntario de adoración. Abraham entregó los diezmos a Melquisedec mucho antes de que existiera la ley de Moisés. Fue un gesto de gratitud, no una exigencia legal. En Génesis 14:20, se dice: “Y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó a tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo.” Ahí vemos el corazón del asunto: gratitud, reconocimiento y adoración. No impuesto, sino ofrecido.

Sin embargo, con el tiempo, el diezmo se institucionalizó. En la ley mosaica, Dios estableció el diezmo como una forma de sostener a los levitas, quienes servían en el templo y no tenían herencia territorial. Era un sistema justo y necesario en un pueblo teocrático. Malaquías 3:10 lo deja claro: “Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa, y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.”

Pero el problema surge cuando ese principio se usa para manipular, presionar o condenar. Cuando el diezmo se convierte en una obligación que reemplaza la relación personal con Dios, deja de ser adoración y se transforma en un sistema humano. El apóstol Pablo nunca ordenó a los creyentes gentiles diezmar, sino dar con libertad. 2 Corintios 9:7 dice: “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.” Esa es la esencia del evangelio: dar por amor, no por obligación.

Entonces, ¿qué pasa cuando algunos líderes amenazan con maldiciones a quienes no diezman? Se desvirtúa el mensaje de gracia. Cristo no vino a imponer cargas, sino a liberarnos de ellas. En el Nuevo Pacto, no hay un porcentaje fijo; hay un corazón generoso. El que entiende lo que Dios hizo por él, da más allá del diez por ciento si es necesario, pero lo hace por amor, no por miedo.

Ahora bien, también es verdad que muchos creyentes usan el argumento de la “gracia” como excusa para no contribuir. Y eso también es egoísmo. La iglesia necesita recursos para predicar, ayudar y crecer. El problema no es dar, sino cómo y por qué se da. Si das por culpa, te esclavizas. Si das por amor, te liberas.

Cuando Jesús vio a la viuda que dio dos monedas, dijo algo poderoso: “De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos” (Marcos 12:43). Ella no dio el diezmo, dio su corazón. Y Dios miró la intención, no la cantidad. Eso es lo que Él sigue mirando hoy.

Entonces, ¿el diezmo es robo? No, no lo es. Pero tampoco debe imponerse como una ley bajo condena. En realidad, el robo es cuando negamos a Dios nuestra gratitud, cuando no contribuimos al avance del Reino, cuando cerramos la mano ante la necesidad de otros, cuando usamos la Biblia para enriquecernos en lugar de servir.

El diezmo, cuando se practica con un corazón sincero, es una hermosa forma de reconocer que todo lo que tenemos viene de Dios. Pero cuando se predica como un requisito para ganar bendiciones o evitar maldiciones, se convierte en un instrumento de manipulación. Cristo nos enseñó que dar no es una transacción, es una expresión de amor.

Hoy más que nunca necesitamos una iglesia libre, madura, que entienda que la generosidad no se mide en porcentajes sino en entrega. Si diezmas, hazlo con gozo. Si das ofrenda, hazlo con fe. Pero nunca lo hagas por miedo. Porque el amor perfecto echa fuera el temor (1 Juan 4:18).

Y si alguna vez te has sentido culpable por no dar cierta cantidad, recuerda que Dios mira el corazón, no el bolsillo. No te pide un número; te pide sinceridad. Cuando Jesús dijo: “Donde esté tu tesoro, allí estará tu corazón” (Mateo 6:21), no hablaba solo de dinero, sino de prioridades. Si Cristo es tu tesoro, darás con alegría, sea diezmo, ofrenda o ayuda al necesitado.

En conclusión, el diezmo no es robo ni obligación. Es una oportunidad para demostrar fidelidad, pero bajo un principio más alto que la ley: el amor. No se trata de cuánto das, sino de cuánto amas a Dios con lo que das.

Reflexión final
Dar no es perder, es sembrar. El que siembra con amor cosecha con gozo. Si tus motivos son puros, tus manos nunca estarán vacías. Dios no necesita tu dinero, necesita tu corazón.

Oración
Señor, enséñame a dar con alegría, sin temor ni egoísmo. Que cada ofrenda que salga de mis manos lleve gratitud y fe. Que mi generosidad refleje tu amor y no mi obligación. Amén.

También te puede interesar:

COMENTARIOS EN SOMOSCRISTIANOS