¿Por qué Dios puso el árbol del bien y del mal? Una pregunta que cambia la forma en que ves a Dios.

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¿Por qué Dios puso el árbol del bien y del mal? Una pregunta que cambia la forma en que ves a Dios.
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Hay preguntas que no son solo curiosidad… son heridas.
Esta es una de ellas. Porque en el fondo, lo que muchos sienten es esto: “Si Dios sabía todo… ¿por qué permitió que todo se arruinara?”

Y es válido preguntarlo.

Desde el principio, la Biblia nos muestra algo claro: Dios creó todo bueno. Perfecto. Sin dolor, sin culpa, sin muerte. Y en medio de ese paraíso, colocó un árbol… uno solo… con una instrucción sencilla:

“De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás…” (Génesis 2:16-17)

A simple vista, parece una trampa.
Pero si lo piensas más profundo… no lo es.

Dios no creó robots.
Creó seres humanos con la capacidad de amarle… o rechazarle.

Y aquí está la clave que muchos pasan por alto:

Sin opción, no hay amor verdadero.

Si Adán y Eva no hubieran tenido la posibilidad de desobedecer, su obediencia no sería amor… sería programación. Sería automático, sin valor real.

El árbol no era el problema.
El árbol era la oportunidad.

La oportunidad de elegir a Dios libremente.

Ahora, viene la pregunta más difícil…
¿Dios sabía que iban a caer?

Sí.
Pero saber no es lo mismo que provocar.

Dios, en su omnisciencia, sabía el resultado… pero aún así decidió crear al ser humano. ¿Por qué? Porque su plan no terminaba en el Edén… continuaba en la cruz.

Desde el principio, Dios ya tenía en mente la redención.
No improvisó cuando el hombre cayó.

“El Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo” (Apocalipsis 13:8)

Eso cambia todo.

El árbol no fue un error.
Fue parte de una historia más grande… donde Dios no solo quería criaturas obedientes, sino hijos que eligieran amarlo… incluso después de fallar.

¿Fue una prueba?

Sí… pero no como un examen para reprobarlos.
Fue una prueba de confianza.

Dios les había dado todo. Absolutamente todo.
Solo pidió una cosa… como una forma de relación.

Porque toda relación real tiene límites… y confianza.

Ahora, seamos honestos…
Nos gusta pensar que Adán y Eva fallaron… pero nosotros hubiéramos hecho lo mismo.

De hecho… lo seguimos haciendo.

Cada vez que sabemos lo correcto y elegimos lo contrario… estamos frente al mismo árbol.

La historia del Edén no está lejos… se repite todos los días en nosotros.

Pero aquí viene lo más hermoso…

Dios no abandonó al hombre después de la caída.

Desde ese mismo momento, comenzó a buscarlo.

“¿Dónde estás tú?” (Génesis 3:9)

No era una pregunta de ubicación…
era una invitación a regresar.

Y esa misma voz sigue hoy.

Dios permitió la libertad… sabiendo el costo… porque también sabía el valor de una relación restaurada.

Porque al final…
no se trata solo de un árbol.

Se trata de una decisión.

Elegir a Dios… no porque no haya otra opción…
sino porque, aun teniéndolas… decides volver a Él.

Te dejo esta reflexión…
Tal vez hoy no estás en un jardín perfecto… pero sí estás frente a decisiones todos los días. Y en cada una de ellas, hay una oportunidad de acercarte o alejarte.

No tienes que ser perfecto para volver…
solo tienes que decidir.

Y si hoy sientes que has fallado, que te alejaste, que no elegiste bien… recuerda esto:

Dios sigue buscando.

Te invito a que me acompañes en esta oración:

Señor, hoy entiendo que me diste libertad… no para perderme, sino para encontrarte de verdad. Perdóname por las veces que he elegido lejos de Ti. Ayúdame a reconocerte en medio de mis decisiones y a volver a Ti con un corazón sincero. Gracias porque no me dejaste, porque desde el principio pensaste en salvarme. Hoy decido acercarme a Ti. En el nombre de Jesús, amén.

Somos Cristianos, conectando corazones con Cristo.

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