Señor, en este nuevo amanecer del 11 de abril, vengo delante de Ti en silencio… tratando de aquietar mi mente, de soltar todo lo que traigo cargando, y simplemente estar contigo.
No vengo con palabras perfectas… vengo con lo que soy. Con mis luchas, con mis pensamientos que a veces no entiendo, con mis emociones que suben y bajan… pero también con este deseo sincero de conocerte más, de sentirte más cerca, de no caminar este día solo.
Gracias, Padre, por este nuevo comienzo. Porque cada mañana es una oportunidad que Tú nos regalas para empezar otra vez, para corregir, para perdonar, para amar mejor… para volver a Ti.
Hoy quiero pedirte algo más profundo… no solo bendiciones, no solo ayuda… quiero Tu presencia.
Esa que llena los vacíos que nadie ve.
Esa que calma la ansiedad sin necesidad de palabras.
Esa que abraza el alma cuando por fuera todo parece estar bien, pero por dentro hay cansancio.
Señor, entra en lo más profundo de mi corazón. Ahí donde guardo lo que no le digo a nadie. Sana lo que todavía duele. Ordena lo que está confundido. Levanta lo que se ha debilitado con el tiempo.
Y si hay algo en mí que me está alejando de Ti… muéstramelo con amor, pero con claridad. No quiero vivir distraído, no quiero acostumbrarme a una vida sin Tu dirección.
Hoy te entrego mis pensamientos… para que los limpies.
Te entrego mis palabras… para que edifiquen.
Te entrego mis decisiones… para que estén alineadas contigo.
Y te entrego este día completo… incluso lo que no puedo controlar.
Padre, también te pido por cada persona que está haciendo este “Tiempo Contigo”. Tú sabes quién está cansado, quién está luchando en silencio, quién ha perdido la esperanza poco a poco… acércate a ellos de una forma real. Que no sea solo una oración más… que sea un encuentro contigo.
Enséñanos a escucharte… porque muchas veces hablamos, pedimos, lloramos… pero no nos detenemos a oír Tu voz.
Que hoy podamos caminar más conscientes de Ti… en lo pequeño, en lo cotidiano, en lo simple. Que no tengamos que esperar un problema para buscarte, sino que aprendamos a vivir contigo en cada momento.
Y si en algún punto del día nos sentimos débiles… recuérdanos que no depende de nuestra fuerza, sino de Tu gracia.
Aquí estamos, Señor… comenzando este día contigo.
No queremos solo seguir una rutina… queremos una relación real.
Te invito, si estás leyendo esto, a que por un momento cierres tus ojos… respires profundo… y le digas a Dios con tus propias palabras lo que hay en tu corazón. Él te está escuchando.
Amén.




