“El temor del Señor es el principio del conocimiento; los necios desprecian la sabiduría y la disciplina.”
Proverbios 1:7
A veces uno piensa que la sabiduría viene con los años, con los golpes de la vida o con la experiencia… pero Dios dice otra cosa. Él dice que todo empieza en un solo lugar: en reconocer quién es Él. Y la verdad es que eso cuesta, porque a todos nos gusta sentir que tenemos el control, que sabemos lo que hacemos, que nuestras decisiones son suficientes. Pero llega un punto en la vida donde te das cuenta de que no es así.
El “temor del Señor” no es miedo. Es algo más profundo: es abrir los ojos y decirle a Dios con honestidad, “Yo no puedo solo. Enséñame Tú.” Es ese momento donde dejas de apoyarte en tu emoción, en tu orgullo o en tu lógica, y te vuelves sensible a la voz de Dios. Y justo ahí… ahí empieza el verdadero conocimiento.
El versículo también dice que los necios desprecian la sabiduría y la disciplina. Y la necedad no es falta de inteligencia; es un corazón cerrado. Es cuando uno sabe lo que Dios pide… pero decide ignorarlo. Es cuando preferimos nuestros impulsos antes que Su dirección. Y lo más triste es que esa necedad nos roba claridad, nos roba paz y hasta nos roba propósito.
Pero cuando permites que Dios te corrija, cuando aceptas Su disciplina, cuando decides honrarlo primero… algo empieza a ordenarse dentro de ti. El ruido baja. Las decisiones se vuelven más claras. La vida ya no se siente tan pesada. Porque la verdadera sabiduría no viene de saber más: viene de rendirte más.
Quizá hoy Dios te está invitando a algo tan simple como volver a escucharlo. Volver a ponerlo primero. Volver a abrir tu corazón. Porque el temor del Señor no te encadena… te despierta. Te hace ver la vida desde arriba, no desde tus heridas ni tus miedos. Y desde ahí, todo empieza a tomar forma.
SomosCristianos conectando corazones con Cristo.




