Devocional de Juan 18: Cuando Jesús es arrestado.

Únete al canal de: WhatsApp Telegram

Quédate conmigo un momento. Este capítulo no se lee rápido. Se camina despacio… como quien entra a un huerto de noche sabiendo que algo definitivo está por pasar.

Juan 18 nos lleva directo al momento en que todo parece perderse. Jesús ya oró. Ya habló con el Padre. Ya se despidió de sus discípulos de una forma que ellos no entendieron del todo. Y ahora entra en el huerto. No huye. No se esconde. No se defiende. Avanza.

Llega Judas con soldados, antorchas y armas. Y aquí hay algo que siempre me confronta: Jesús da el primer paso. No espera a que lo encuentren. Él sale y pregunta: “¿A quién buscáis?”. Cuando responde “Yo soy”, retroceden y caen a tierra. Bastaría eso para escapar. Bastaría una palabra más para detenerlo todo. Pero no lo hace.

Pedro, impulsivo como muchos de nosotros, saca la espada. Corta la oreja de Malco. Jesús lo detiene. No porque Pedro no tenga buenas intenciones, sino porque está peleando la batalla equivocada. El Reino de Dios no se defiende con violencia, se revela con obediencia.

Aquí me detengo y me miro: cuántas veces quiero defender a Dios… pero en realidad estoy defendiendo mi orgullo, mi miedo, mi idea de justicia. Jesús no necesitaba a Pedro armado. Necesitaba a Pedro rendido.

Luego viene el interrogatorio. Anás, Caifás, el poder religioso. Preguntas, acusaciones, silencios incómodos. Jesús no se justifica. Habla con verdad, sin gritar, sin atacar. Y aun así, lo golpean. La verdad siempre incomoda a quienes viven del control.

Mientras tanto, Pedro está afuera. Cerca del fuego. Negando que conoce a Jesús. No una vez. Tres veces. Y lo hace mientras Jesús está siendo juzgado. Esto duele, porque Pedro no es un villano. Es un discípulo cansado, confundido, asustado. A veces no negamos a Jesús con palabras, sino con silencios. Con ausencias. Con miedo a quedar mal.

Y entonces llegamos a Pilato. El poder político. La autoridad romana. El hombre que puede liberar o condenar. Pilato pregunta: “¿Qué es la verdad?”. Y esa pregunta sigue flotando hasta hoy. La verdad está frente a él… atada, golpeada, callada. Pero Pilato no la reconoce porque está más preocupado por su posición que por la justicia.

Jesús dice algo clave: “Mi reino no es de este mundo”. No dice que no está en este mundo, sino que no funciona como este mundo. No se impone. No manipula. No se defiende con armas. Su poder es distinto. Su trono será una cruz.

Juan 18 no termina con victoria visible. Termina con Barrabás libre y Jesús condenado. Un culpable suelto. Un inocente entregado. Así funciona la gracia, aunque nos cueste aceptarlo.

Aquí va la reflexión que quiero dejarte, sin adornos: Jesús no perdió el control en ningún momento. Aunque fue arrestado, juzgado injustamente y negado por uno de los suyos, Él seguía siendo el Señor. A veces pensamos que cuando todo se desmorona, Dios ya no está actuando. Juan 18 nos muestra lo contrario: Dios también obra en la noche, en el silencio, en la aparente derrota.

Tal vez hoy te sientes como Pedro, fallando cuando más querías ser fiel. O como Pilato, sabiendo lo correcto pero sin valor para hacerlo. O como Jesús, obedeciendo a Dios aunque duela. Este capítulo no es para juzgarnos, es para despertarnos.

Te dejo esta reflexión para que la cargues contigo: la verdad no siempre gana aplausos, pero siempre cumple el propósito de Dios. Jesús se dejó arrestar para que tú y yo pudiéramos ser libres.

Te invito a que me acompañes en esta oración, con el corazón abierto y sin máscaras.

Señor Jesús, gracias porque no huiste cuando yo habría huido. Gracias porque no te defendiste cuando yo me defiendo demasiado. Perdóname cuando, como Pedro, te niego con mis actos o con mi silencio. Enséñame a confiar en Ti aun cuando no entiendo el proceso. Quiero seguirte no solo cuando es fácil, sino también cuando duele. Amén.

En Somos Cristianos Conectamos Corazones con Cristo.

También te puede interesar:

COMENTARIOS EN SOMOSCRISTIANOS