Cuando algo está roto, no se tira, se intenta arreglar.

Únete al canal de: WhatsApp Telegram
Somoscristianos. Org
Somos Cristianos – Reflexiones diarias de fe y vida
Cuando algo está roto, no se tira, se intenta arreglar.
Cargando
/

Cuando algo se rompe, lo primero que hacemos casi sin pensar es buscar el bote de basura. Vivimos en un mundo que enseña a desechar: si el teléfono falla, se cambia; si el mueble se raya, se reemplaza; si la relación duele, se abandona. Tirar es rápido. Arreglar toma tiempo, paciencia y manos dispuestas a ensuciarse.

Pero hay algo que el corazón olvida con facilidad. No todo lo que se rompe pierde su valor. A veces lo que está quebrado solo necesita que alguien se detenga, lo mire con cariño y diga: «esto todavía vale la pena.»

Piensa en esa silla vieja que perteneció a tu abuelo. Está coja, la madera cruje, cualquiera la botaría sin dudarlo. Pero tú no, porque sabes lo que significa. Y entonces buscas la forma de repararla, no porque sea perfecta, sino porque la amas. Así nos mira Dios. No ve nuestras grietas para descartarnos; las ve para sostenernos.

Quizás hoy te sientes así, roto por dentro. Tal vez una traición te partió en pedazos, o un fracaso te dejó pensando que ya no sirves para nada. Tal vez has cometido errores que te hacen sentir basura, algo que merece ser desechado. Pero escucha bien: Dios no es de los que tiran. Dios es de los que restauran.

La Palabra lo dice con una imagen preciosa en Isaías 42:3: «No acabará de romper la caña quebrada, ni apagará la mecha que apenas arde.» Piensa en eso. Una caña ya doblada, a punto de partirse, y Dios no la termina de romper. Una mecha que apenas tiene un hilo de luz, y Él no la apaga. Donde otros ven algo inservible, Dios ve algo que todavía puede sanar, brillar y dar vida.

Tú no eres un caso perdido. No importa cuántas veces te hayas sentido botado, ignorado o roto. En las manos de Dios, lo quebrado no se tira: se recompone, se sana y muchas veces vuelve más fuerte que antes. Las cicatrices dejan de ser señales de derrota y se convierten en pruebas de que sobreviviste, de que fuiste reparado por amor.

Y eso también vale para lo que te rodea. Esa amistad que se enfrió, ese matrimonio cansado, esa relación con un hijo que parece distante. Antes de soltar, pregúntate si vale la pena intentar arreglar. No todo lo que se rompe está condenado a terminar. A veces solo hace falta humildad para acercarse y amor para volver a empezar.

Si hoy sientes que tu vida está hecha pedazos, no corras a tirarte por la borda. Pon esos pedazos en las manos de quien sabe restaurar. Habla con Él. Cuéntale lo que duele. Tal vez hace tiempo que no oraste, y justo hoy es el día de volver.

Que esta oración nazca de tu corazón: «Señor, me siento roto y cansado. He pensado que ya no sirvo, que es más fácil rendirme. Pero hoy te entrego cada pedazo de mi vida. Restáurame con tus manos, sáname con tu amor y enséñame a no rendirme tan rápido. Gracias porque para ti nada está perdido. Amén.»

Recuérdalo siempre: en el cielo no existe el bote de basura. Lo que el mundo desecha, Dios lo levanta.

Somos Cristianos, conectando corazones con Cristo.

También te puede interesar:

COMENTARIOS EN SOMOSCRISTIANOS