¿Qué es el Domingo de Adviento y por qué las iglesias lo celebran?

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El Domingo de Adviento marca el inicio de la temporada navideña en muchas iglesias cristianas alrededor del mundo. Se celebra el cuarto domingo antes del 25 de diciembre, por lo que su fecha puede variar entre el 27 de noviembre y el 3 de diciembre. Aunque mucha gente piensa que el Adviento comienza el 1 de diciembre por los calendarios tradicionales, en realidad, litúrgicamente empieza siempre en ese primer domingo, conocido justamente como Domingo de Adviento.

La palabra “Adviento” viene del latín Adventus, que significa “llegada” o “venida”. En el mundo antiguo se usaba para hablar de la llegada de un rey o de una autoridad importante. La Iglesia tomó este término para referirse a la llegada de Jesucristo: Su primera venida en Belén y Su segunda venida futura. Por eso, el Adviento no solo mira hacia el pasado, sino también hacia el futuro.

Históricamente, el Adviento se celebra desde al menos el siglo IV. En sus inicios, no eran solo cuatro domingos, sino un período más largo de alrededor de cuarenta días, conocido como los “cuarenta días de San Martín”, porque comenzaba el 11 de noviembre, día de San Martín de Tours. Con el tiempo, la Iglesia fue ajustando el calendario hasta dejarlo en las cuatro semanas previas a la Navidad que hoy conocemos.

En la Edad Media, la vivencia del Adviento era mucho más estricta que en la actualidad. No era solo un tiempo “bonito” con velas y cantos, sino un período de ayuno y penitencia, parecido a la Cuaresma antes de la Pascua. Había días llamados “Días de Témporas” (generalmente miércoles, viernes y sábado) en los que las personas comían solo una vez al día, y la comida consistía principalmente en vegetales o pescado. Además, se esperaba que los creyentes se abstuvieran de juegos de azar, relaciones íntimas, viajes innecesarios y se evitaban las bodas durante esa temporada. En un contexto agrícola y de invierno, este tipo de ayuno también ayudaba a administrar mejor los alimentos, guardando las reservas de carne y productos animales para las celebraciones navideñas.

Con el paso de los siglos, la manera de vivir el Adviento fue cambiando. El énfasis se fue moviendo de la penitencia estricta hacia una espiritualidad de espera, esperanza y preparación gozosa. En muchas iglesias anglicanas, luteranas y en algunas comunidades evangélicas, hoy el Adviento se concibe como un tiempo de expectativa: recordamos que Cristo vino, que viene a nuestra vida cada día y que volverá al final de los tiempos. Las primeras semanas suelen enfocarse en la segunda venida de Jesús y en textos que hablan de vigilancia y juicio; las últimas se centran en las profecías del nacimiento del Mesías y en los relatos de los evangelios sobre Belén.

Desde el punto de vista litúrgico, el Adviento tiene cuatro domingos. El primero es el Domingo de Adviento y a partir de ahí vienen el segundo, tercero y cuarto domingo antes de Navidad. La fecha exacta se mueve cada año porque depende del día de la semana en que caiga Navidad. Por ejemplo, el Adviento puede comenzar tan temprano como un 27 de noviembre o tan tarde como un 3 de diciembre. Solo cuando el 25 de diciembre cae en miércoles coincide que el primer domingo de Adviento es el 1 de diciembre. Eso explica por qué a veces el calendario litúrgico no coincide con los calendarios comerciales que comienzan el 1 de diciembre.

Durante estos cuatro domingos, muchas iglesias utilizan el Leccionario Común Revisado para las lecturas bíblicas. Entre los textos más frecuentes para el primer domingo están Isaías 2:1-5, que presenta una visión de paz y de naciones que ya no se levantan en guerra; Isaías 64:1-9, una súplica para que Dios se manifieste; el Salmo 122, un canto de peregrinos que suben a Jerusalén; Romanos 13:11-14, que llama a despertar porque “la salvación está más cerca de nosotros”; y pasajes del evangelio de Mateo que hablan de la venida del Hijo del Hombre y la necesidad de estar preparados. Estas lecturas buscan despertar al creyente, invitarlo a revisar su vida y a vivir de manera consciente ante Dios.

Una de las imágenes más reconocidas del Adviento es la corona con las velas. Esta tradición surgió en el contexto luterano de Alemania y con el tiempo se ha extendido a muchas denominaciones. La corona, generalmente hecha de ramas verdes, lleva cuatro velas alrededor y, en muchos casos, una quinta vela al centro. La primera vela se enciende el Domingo de Adviento; cada domingo siguiente se enciende una vela nueva, y la vela central se reserva para la Nochebuena o el Día de Navidad. Las velas simbolizan la luz que crece en medio de la oscuridad y apuntan a Jesús como “la luz del mundo”. También recuerdan, de alguna manera, el uso de velas en la tradición judía, como en la celebración de Janucá, un contexto que Jesús conoció.

Ahora bien, una pregunta importante para nosotros es: ¿cómo viven este Domingo de Adviento los latinos? En América Latina, donde la mayoría de la población ha crecido en un contexto católico, el Adviento forma parte natural de la vida de la iglesia. En países como México, Honduras, El Salvador, Guatemala, Colombia, Perú y muchos otros, el primer domingo de Adviento marca el inicio de un ambiente especial en los templos: se enciende la primera vela, el color litúrgico cambia, los cantos se vuelven más meditativos y las familias comienzan a preparar el corazón para la Nochebuena.

Entre los cristianos evangélicos latinos la realidad es más diversa. Tradicionalmente, muchas iglesias evangélicas no seguían el calendario litúrgico, por lo que el Adviento no era mencionado. Sin embargo, en los últimos años, especialmente en comunidades latinas en Estados Unidos y en congregaciones que conviven con tradiciones anglicanas o luteranas, el Adviento ha empezado a recuperarse. Algunas iglesias evangélicas latinas han adoptado la corona de velas, lecturas especiales y mensajes centrados en la esperanza, el arrepentimiento y la preparación espiritual.

Para muchos latinos, el Adviento toca fibras muy profundas. No solo se trata de prepararse para una fiesta, sino de vivir este tiempo en medio de realidades como la migración, la separación familiar, la incertidumbre económica y los desafíos diarios. Encender una vela en el Domingo de Adviento puede convertirse en un acto cargado de significado: una familia que ora por los que están lejos, un hogar que pide paz, una persona que lucha con ansiedad pero vuelve a recordar que Dios no la ha olvidado.

Antes de terminar, quiero dejarte esta reflexión… El Domingo de Adviento no es simplemente el “inicio de la Navidad religiosa”, sino una llamada a despertar. Nos recuerda que Dios sigue entrando en nuestra historia, incluso cuando el mundo parece oscuro. Para el pueblo latino, que tantas veces ha aprendido a sostenerse con fe en medio de la batalla, el Adviento vuelve a encender una verdad poderosa: Cristo vino, Cristo está con nosotros y Cristo volverá. Y en esa promesa, nuestra esperanza no es un deseo vago, sino una luz real que ninguna noche puede apagar.

Somos Cristianos, conectando corazones con Cristo.

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