¿Qué pasa cuando una persona intenta vivir para Dios… pero no quiere soltar el pecado?
¿Qué pasa cuando alguien quiere la bendición de Dios… pero sigue aferrado a aquello que lo está destruyendo?
Jesús respondió esa pregunta hace más de dos mil años con una frase que sigue siendo tan cierta hoy como entonces:
«Toda casa dividida contra sí misma no permanecerá.» (Mateo 12:25)
Jesús acababa de expulsar un demonio. Sin embargo, algunos religiosos lo acusaron de hacerlo por el poder de Satanás.
Entonces Jesús les respondió:
«Si Satanás expulsa a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino?» (Mateo 12:26)
La lógica era irrefutable.
El diablo no destruye su propio reino.
No rompe sus propias cadenas.
No libera a sus propios cautivos.
Pero las palabras de Jesús escondían una verdad mucho más profunda que una simple respuesta a sus acusadores.
Una casa dividida no puede permanecer en pie.
Y eso también aplica a nosotros.
Muchos quieren seguir a Cristo, pero sin dejar aquello que Cristo vino a quitar.
Quieren paz, pero alimentan el resentimiento.
Quieren libertad, pero siguen abrazando aquello que los esclaviza.
Quieren escuchar la voz de Dios, pero pasan más tiempo escuchando las voces del mundo.
Y poco a poco el corazón se convierte en una casa dividida.
Una parte quiere obedecer.
La otra quiere hacer su propia voluntad.
Una parte confía en Dios.
La otra vive dominada por el miedo.
Y esa lucha termina agotando el alma.
Por eso Jesús no vino a ocupar una parte de tu vida.
Vino a ser Señor de toda tu vida.
Porque cuando Cristo gobierna solamente una habitación de la casa, siempre habrá conflicto.
Pero cuando Él gobierna toda la casa, llega la paz.
Hoy pregúntate:
¿Hay alguna área de mi vida que todavía está dividida?
¿Hay algo que no le he entregado completamente a Dios?
Porque una casa dividida no puede permanecer en pie.
Pero una vida completamente rendida a Cristo puede permanecer firme aun en medio de las tormentas más fuertes.
«Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.» (Juan 8:36)
Te invito a hacer esta pequeña oración:
Señor Jesús, te entrego mi corazón por completo. Quita de mi vida todo aquello que me aleja de Ti y ayúdame a caminar en tus caminos. Que seas Tú quien gobierne cada área de mi vida y me des la paz que solo Tú puedes dar. Amén.
Somos Cristianos — Conectando corazones con Cristo.




