A veces pensamos que seguir a Jesús es cuestión de saber mucho o de hacer muchas cosas… pero Él lo dejó claro: todo se resume en amar. No un amor superficial, sino un amor real, paciente, que perdona y que permanece. Ese es el tipo de amor que transforma y que hace evidente que somos sus discípulos, aun sin decir una sola palabra.

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