jueves, abril 3, 2025
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Los reencuentros que Dios usa para sanar el alma.

Hace poco viví algo que marcó mi corazón profundamente.

Crecí en un pequeño pueblo hermoso y pintoresco llamado Pihuamo, en el estado de Jalisco, ubicado al sur del estado. Viví allí hasta los 15 años de mi vida. En ese lugar compartí una niñez feliz, rodeado de amigos, primos, sobrinos y familiares que llenaron mis días de risas, juegos y momentos que aún conservo en el alma.

Después, como muchos, la vida me llevó por otros caminos. Pasaron más de 30 años sin volver a ver a muchos de ellos. Pero recientemente, Dios me regaló la bendición de reencontrarme con varios de esos rostros del pasado —algunos en Pihuamo, otros en Phoenix, Arizona.

Ya adultos, con hijos, con historias, incluso con nietos… pero cuando nuestros ojos se cruzaron, algo especial sucedió. Fue como si el tiempo se detuviera. Las cargas, el cansancio y el estrés del día a día se desvanecieron por un instante, y solo quedó la gratitud.

Recordamos historias, reímos, lloramos y compartimos lo que habíamos vivido en todos esos años. Pero lo más hermoso fue que, en medio de todo, pude ver cómo Dios ha bendecido de diferentes formas a cada uno de ellos. Algunos con salud, otros con trabajo, otros con familias maravillosas… pero todos con señales de que la mano de Dios nunca los ha soltado.

Y ahí entendí algo profundo: no siempre se trata del lugar donde creciste, sino de las personas que Dios usó para moldear tu vida.

La Palabra dice en Salmo 77:11-12:

“Me acordaré de las obras de Jehová; sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas. Meditaré en todas tus obras, y hablaré de tus hechos.”

Recordar no es quedarse atado al pasado… es reconocer la fidelidad de Dios en cada etapa. Él ha estado allí: en la niñez, en la juventud, en los silencios, en los reencuentros, y sigue estando hoy.

Si tú tienes la oportunidad, reconecta con esas personas que marcaron tu historia. Esos amigos de la infancia, esos primos, esos familiares que una vez caminaron contigo. Porque tal vez, como me pasó a mí, Dios usará ese momento para renovar tu alma, darte descanso y recordarte que nunca has estado solo.

Los reencuentros no son casualidad. Son regalos divinos que nos hacen mirar hacia atrás para agradecer, y hacia adelante para seguir confiando.

El mismo Dios que estuvo contigo cuando eras niño, es el que te sostiene hoy, y será fiel hasta el fin.

Agradecimiento a algunos familiares y amigos: Salvador Mendoza, Alberto Alcantar Silva, Pedro Saucedo, Saul García Santillán, Oscar Morfin, Gerardo Castaneda, a las esposas de ellos, y a muchos otros…

Por somoscristianos.org

Ruben Gonzalez
Ruben Gonzalez
Rubén González es un seguidor de Cristo con una pasión por compartir la verdad de la Palabra de Dios de manera práctica y edificante. Como autor en SomosCristianos.org, su deseo es inspirar a otros a fortalecer su fe, vivir con propósito y confiar plenamente en Dios en cada etapa de la vida. A través de sus escritos, busca motivar, enseñar y recordar el amor inagotable de Dios para Su pueblo.

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