En la vida, muchas veces damos por sentado las bendiciones que nos rodean: la familia, la salud, la paz, el trabajo y aún las pequeñas cosas del día a día. Sin embargo, cuando enfrentamos aflicciones, nos damos cuenta de su verdadero valor. La Biblia nos enseña que el sufrimiento no es en vano, sino que Dios lo usa para fortalecernos, acercarnos a Él y darnos una nueva perspectiva de lo que realmente importa.
Las Aflicciones nos Enseñan a Depender de Dios
Jesús nos dejó una enseñanza clave sobre nuestra dependencia de Él:
“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.”
(Juan 15:5)
Muchas veces no valoramos lo que tenemos hasta que nos falta. Cuando enfrentamos pruebas, nos damos cuenta de que sin Dios estamos vacíos y débiles. Las aflicciones nos enseñan que solo permaneciendo en Cristo podemos encontrar fortaleza y propósito en medio de las dificultades.
El apóstol Pablo también experimentó muchas dificultades en su ministerio, pero entendió que en la debilidad se manifestaba el poder de Dios:
“Pero él me dijo: ‘Bástate mi gracia, porque mi poder se perfecciona en la debilidad’. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.”
(2 Corintios 12:9)
Cuando pasamos por pruebas, aprendemos a depender menos de nuestras fuerzas y más de Dios. Nos damos cuenta de que sin Él nada podemos hacer, y que cada bendición que tenemos proviene de su gracia.
Dios nos Bendice, pero No Siempre lo Apreciamos
Dios nos bendice con bienes materiales, salud, familia y libertad, pero muchas veces no lo valoramos hasta que lo perdemos.
Un gran ejemplo de esto es el ciego que Jesús sanó. Para él, recuperar la vista significó un milagro, algo que nosotros, que podemos ver todos los días, muchas veces no apreciamos.
“Entonces les dijo Jesús otra vez: De cierto, de cierto os digo: Yo soy la puerta de las ovejas… Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”
(Juan 10:7,10)
Este hombre valoró su visión más que muchos de nosotros, que la tenemos y no le damos importancia hasta que la perdemos. Así sucede con muchas cosas en la vida: la familia, la salud, el tiempo… Solo cuando nos faltan, nos damos cuenta de su valor.
Otro ejemplo es la libertad. Muchas personas viven sin apreciar el hecho de poder moverse libremente, pero cuando alguien es encarcelado, entiende el gran regalo que era ser libre. Lo mismo ocurre con la salud: mientras estamos bien, no pensamos en ella, pero cuando la enfermedad llega, nos damos cuenta de lo invaluable que es estar sano.
La Biblia nos advierte sobre el peligro de olvidar las bendiciones de Dios:
“No te olvides de Jehová tu Dios… No sea que digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza.”
(Deuteronomio 8:11, 17)
Muchas veces, cuando tenemos abundancia de bienes materiales, descuidamos nuestra relación con Dios y con los demás. Creemos que siempre tendremos lo que hoy disfrutamos, pero cuando lo perdemos, entendemos que todo era un regalo de Dios.
El Sufrimiento nos Hace Apreciar lo que Tenemos
Cuando todo marcha bien, podemos caer en la ingratitud o en la rutina de no valorar lo que Dios nos ha dado. Job, un hombre justo y temeroso de Dios, lo tenía todo, pero de un momento a otro perdió sus riquezas, su familia y su salud. Sin embargo, después de su aflicción, pudo entender mejor la grandeza de Dios:
“De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven.”
(Job 42:5)
¿Cuántas veces hemos visto a personas que, después de perder su salud, valoran la importancia de un simple día sin dolor? O aquellos que, al perder un ser querido, se lamentan por no haber pasado más tiempo con ellos. Las pruebas nos enseñan a ser agradecidos y a disfrutar cada día como un regalo del Señor.
Las Aflicciones nos Moldean y nos Preparan para Más
La Biblia nos enseña que las pruebas tienen un propósito mayor en nuestra vida:
“En esto os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que la prueba de vuestra fe, más preciosa que el oro que perece, aunque probado por fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.”
(1 Pedro 1:6-7)
Así como el oro es purificado en el fuego, Dios permite que pasemos por pruebas para refinar nuestra fe y hacernos más fuertes.
Conclusión
Las aflicciones no son fáciles, pero nos ayudan a valorar lo que tenemos, a acercarnos más a Dios y a confiar en su propósito. Si estás pasando por un momento difícil, recuerda que Dios tiene el control y que, al final del proceso, saldrás más fuerte y con una mayor gratitud en tu corazón.
“Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria.”
(2 Corintios 4:17)
Jesús nos recuerda que sin Él nada podemos hacer. Que cada prueba nos ayude a recordar que todo lo que tenemos es un regalo de Dios, y que cada día es una oportunidad para agradecer, confiar en Él y vivir con propósito.