Reflexión Bíblica: El Evangelio de la Prosperidad a la luz de las Escrituras
Introducción
En tiempos donde el mensaje del Evangelio se ha mezclado con ideologías humanas, surge una corriente peligrosa conocida como el Evangelio de la Prosperidad. Esta doctrina enseña que Dios quiere que todos sus hijos vivan en riqueza, salud perfecta y éxito constante. Sin embargo, cuando comparamos estas ideas con las Escrituras, descubrimos que este mensaje no es el Evangelio de Cristo, sino una distorsión centrada en el hombre y no en Dios.
1. El Verdadero Tesoro del Evangelio: Cristo, no las riquezas
El propósito principal del Evangelio es reconciliar al hombre con Dios, no enriquecerlo materialmente.
“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.”
(Juan 17:3)
El mensaje de salvación no promete una vida de lujo, sino una relación eterna con Dios. Jesús no ofreció riquezas, sino una cruz:
“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.”
(Lucas 9:23)
2. La promesa de aflicciones, no de comodidad
El Evangelio auténtico no oculta la realidad del sufrimiento. Jesús fue claro:
“En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.”
(Juan 16:33)
Pablo reafirma este principio:
“También todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución.”
(2 Timoteo 3:12)
La vida cristiana no está exenta de pruebas. De hecho, muchas veces el sufrimiento es parte del proceso de santificación.
3. Los apóstoles: pobres según el mundo, ricos en fe
Los predicadores de la prosperidad suelen ignorar que los apóstoles —los hombres más usados por Dios— no fueron ricos ni vivieron en lujos.
“Hasta esta hora padecemos hambre, tenemos sed, estamos desnudos, somos abofeteados y no tenemos morada fija.”
(1 Corintios 4:11)
Y sin embargo, Pablo escribe:
“Como entristecidos, mas siempre gozosos; como pobres, mas enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, mas poseyéndolo todo.”
(1 Corintios 6:10)
La verdadera riqueza está en Cristo, no en las cuentas bancarias.
4. Advertencias contra el amor al dinero
El Evangelio de la Prosperidad promueve una relación peligrosa con el dinero, contraria a lo que enseña la Biblia:
“Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe y fueron traspasados de muchos dolores.”
(1 Timoteo 6:10)
Y también:
“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde ladrones minan y hurtan.”
(Mateo 6:19)
Jesús advirtió que no se puede servir a dos señores:
“No podéis servir a Dios y a las riquezas.”
(Mateo 6:24)
5. Dios suple, pero según Su voluntad y propósito
Es cierto que Dios provee y bendice a sus hijos, pero su provisión está ligada a Su voluntad y a propósitos eternos, no a caprichos humanos.
“Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.”
(Filipenses 4:19)
Pablo escribió esto desde una prisión, no desde un palacio. Él sabía lo que era tener y no tener:
“Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia… Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”
(Filipenses 4:12–13)
6. Generosidad bíblica, no manipulación financiera
Muchos usan Malaquías 3:10 para presionar a las personas a dar, pero el Nuevo Testamento enseña que la ofrenda debe ser voluntaria, no forzada:
“Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.”
(2 Corintios 9:7)
Dar con fe no es lo mismo que dar por interés o presión. Dios mira el corazón.
Volvamos al Evangelio verdadero
El Evangelio no es un camino hacia el éxito material, sino hacia la vida eterna. Jesús es suficiente. El llamado es a negarse a uno mismo, no a exaltarse.
“Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?”
(Marcos 8:36)
Pidamos a Dios discernimiento para no caer en doctrinas de hombres que, con palabras suaves y promesas vacías, desvían del camino de la verdad.
Por somoscristianos.org